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En pleno desierto patagónico, un ganadero encontró la forma de reverdecer su campo

Un productor de la estepa rionegrina adoptó un sistema de pastoreo que transformó su relación con la tierra seca. La experiencia es un modelo posible para miles de campos patagónicos golpeados por sequías cada vez más frecuentes.

🇦🇷 Argentina 2026-05-20
En pleno desierto patagónico, un ganadero encontró la forma de reverdecer su campo

En la inmensidad árida de la meseta rionegrina, donde las sequías se apilan una sobre otra y el viento parece llevarse todo menos la terquedad de quienes se quedan, un productor ganadero logró torcer una historia que parecía escrita de antemano. Después de años de perder animales y ver cómo el suelo se degradaba sin piedad, encontró en un sistema de pastoreo planificado la llave para empezar de nuevo.

La técnica, basada en la rotación intensiva de lotes y el descanso prolongado de los cuadros de pastoreo, no es nueva en el mundo pero sigue siendo una rareza en la Patagonia profunda. Consiste en concentrar la hacienda en superficies reducidas durante períodos cortos, para luego dejar que el campo se recupere naturalmente. El resultado es contraintuitivo: donde antes el ganado disperso arrasaba con los pastos sin darles tiempo de rebrotar, ahora la vegetación regresa con fuerza, las raíces sostienen el suelo y el agua de lluvia se infiltra en vez de escurrir.

Para la Patagonia, esta historia tiene un peso que excede lo anecdótico. La desertificación avanza sobre millones de hectáreas a ambos lados de la cordillera. En la Argentina, el INTA viene alertando desde hace décadas sobre la pérdida de cobertura vegetal en la estepa, un proceso que el cambio climático acelera con ciclos secos más largos y temperaturas más extremas. En Chile, la degradación de suelos en Aysén y Magallanes sigue patrones similares. Cada campo que logra revertir esa tendencia es un dato concreto contra el pesimismo.

Lo que hace singular a este caso es que no se trata de una estancia grande con recursos ilimitados ni de un proyecto piloto financiado desde afuera. Es un productor que pasó por las peores sequías, que estuvo al borde de abandonar la actividad y que decidió probar algo distinto cuando ya no quedaba mucho por perder. Esa escala humana es la que convierte la experiencia en replicable: hay miles de establecimientos patagónicos en situación parecida, con campos degradados y familias que resisten.

El desafío ahora es que estas experiencias dejen de ser excepciones aisladas. La Patagonia necesita políticas públicas que acompañen la transición hacia manejos sustentables, asistencia técnica accesible y, sobre todo, la convicción de que la estepa no es un páramo irrecuperable sino un ecosistema que responde cuando se lo trata con inteligencia. Este productor del desierto rionegrino ya lo demostró en su propio campo. La pregunta es cuántos más podrían hacerlo si tuvieran las herramientas.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diario Río Negro.
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