Krill antártico: Magallanes debate el futuro de una pesquería estratégica
La apertura de nuevas oportunidades en la pesca de krill desde la región austral chilena abre un debate que cruza lo económico, lo ambiental y lo geopolítico.

La pesquería de krill antártico vuelve a instalarse en la agenda de Magallanes como una promesa de diversificación productiva que, al mismo tiempo, enciende señales de alerta ambiental. El anuncio de nuevas oportunidades para la región en esta industria no se limita a las cifras de exportación: pone sobre la mesa preguntas fundamentales sobre los límites de la explotación en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
El krill —Euphausia superba— es la base de la cadena alimentaria antártica. De él dependen ballenas, focas, pingüinos y peces que habitan las aguas que rodean el continente blanco. Chile, a través de Magallanes, tiene una posición geográfica privilegiada para acceder a estas pesquerías reguladas por la CCRVMA (Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos). Pero privilegio geográfico no equivale a carta blanca. Cada tonelada de krill extraída tiene consecuencias potenciales sobre especies que ya enfrentan el estrés del cambio climático y el calentamiento de las aguas australes.
Desde la perspectiva patagónica binacional, el tema tiene resonancia directa. Las colonias de pingüinos de Magallanes que nidifican tanto en costas chilenas como argentinas —desde Seno Otway hasta Punta Tombo— dependen de la salud de las cadenas tróficas del Atlántico y el Pacífico sur. Argentina, que mantiene su propia presencia antártica y bases científicas activas, observa con atención cualquier expansión pesquera en la zona, donde los intereses económicos de potencias como Noruega, China y Corea del Sur ya ejercen una presión considerable.
Magallanes tiene la oportunidad de posicionarse no solo como puerto logístico de la industria del krill, sino como referente en la explotación responsable de recursos antárticos. Pero eso exige que el debate regional no se reduzca a cuántos dólares genera la tonelada exportada. Lo que está en juego es el equilibrio del ecosistema que da sentido a la identidad austral: el mismo que atrae turismo, sostiene la ciencia y define a la Patagonia como último confín habitable antes de la Antártica.
Si la región quiere krill en su matriz productiva, el precio de entrada debe ser transparencia total, ciencia independiente y límites que se respeten. El mar austral no admite segundas oportunidades.


