Adrián Varas, el corredor que encadena 21K, 42K y 100 millas
El atleta participó en tres distancias del Patagonia Run y explica por qué la montaña se convierte en un vicio inevitable.

Hay personas que corren para llegar. Y hay personas que corren porque no pueden parar. Adrián Varas pertenece al segundo grupo. En la última edición del Patagonia Run, una de las competencias de trail running más exigentes y espectaculares de América del Sur, Varas completó una hazaña que desafía la lógica del cuerpo: corrió los 21 kilómetros, los 42 kilómetros y las 100 millas en un mismo evento.
El Patagonia Run se celebra en San Martín de los Andes, con recorridos que atraviesan bosques de lengas, cruzan arroyos de deshielo y trepan filos de montaña con vistas al lago Lácar y los volcanes de la cordillera neuquina. No es solo una carrera: es una experiencia de inmersión total en el paisaje patagónico que atrae a corredores de todo el mundo.
Para Varas, la decisión de encadenar las tres distancias no fue un capricho. Es el resultado de años de entrenamiento, de una relación profunda con la montaña y de una filosofía que él mismo define como un vicio. No el vicio destructivo, sino el que construye: la necesidad de volver al sendero, de sentir el esfuerzo en las piernas, de amanecer corriendo entre coihues mientras el resto del mundo duerme.
Las 100 millas —160 kilómetros— son la distancia reina del ultratrail. Completarlas implica correr durante más de 24 horas seguidas, atravesar la noche, gestionar el sueño, la alimentación y el desgaste mental. Hacerlo después de haber corrido un 21K y un 42K en los días previos eleva la proeza a un nivel que solo los ultramaratonistas entienden.
El Patagonia Run se ha consolidado como una de las citas obligadas del calendario internacional de trail. Corredores de Europa, Norteamérica y Asia viajan hasta la Patagonia argentina para medirse contra estos senderos. La competencia no solo genera un impacto deportivo: mueve la economía turística de San Martín de los Andes y posiciona a la región como un destino de referencia para el deporte de montaña.
Historias como la de Varas son las que construyen la mística del trail patagónico. No se trata de récords ni de podios, sino de la relación entre un corredor y un paisaje que no perdona pero que siempre recompensa. La montaña, como dice Varas, se vuelve un vicio. Y en la Patagonia, ese vicio tiene los mejores senderos del mundo para alimentarse.


