La carne se convierte en lujo en Tierra del Fuego con subas del 61%
El precio de los cortes vacunos acumula incrementos de entre 55% y 61% en lo que va del año, muy por encima de la inflación, y hunde el consumo fueguino a pisos históricos.

La carne vacuna dejó de ser un alimento cotidiano para miles de familias fueguinas. Con aumentos acumulados de entre el 55% y el 61% en lo que va de 2026, los precios en las carnicerías de Ushuaia y Río Grande superan ampliamente la inflación del período y empujan el consumo a niveles que no se registraban en décadas.
El fenómeno tiene raíces múltiples. La condición insular de Tierra del Fuego encarece cualquier producto que llegue desde el continente: el flete, los peajes logísticos y la escasa competencia entre distribuidores se trasladan directamente al mostrador. A eso se suma un contexto nacional de costos ganaderos en alza, restricciones en la oferta de hacienda y una macroeconomía que sigue erosionando el poder adquisitivo de los salarios.
Para una provincia donde el costo de vida ya es estructuralmente más alto que en el resto del país, el impacto es severo. La carne —históricamente el centro de la mesa argentina— se convierte en un producto de acceso restringido, desplazado por alternativas más económicas como pollo, pastas o legumbres. Los carniceros locales reportan una caída sostenida en las ventas y una migración de los consumidores hacia cortes de menor calidad.
El dato no es solo económico: es cultural. En el extremo sur del continente, donde el frío exige calorías y la tradición del asado forma parte de la identidad social, no poder comprar carne es una señal de deterioro que trasciende las estadísticas.
La situación también expone la vulnerabilidad logística de Tierra del Fuego. A diferencia de provincias patagónicas continentales como Santa Cruz o Chubut, que cuentan con producción ganadera propia, la isla depende casi por completo del abastecimiento externo. Cada corte en la ruta, cada suba del combustible, cada demora en el cruce del Estrecho de Magallanes multiplica el precio final.
El panorama obliga a pensar en soluciones de fondo: impulsar la producción ovina y bovina local, mejorar la cadena de frío, explorar acuerdos de abastecimiento directo con productores patagónicos del continente. Mientras tanto, el asado dominical en Tierra del Fuego se convierte, para muchos, en un recuerdo de tiempos mejores.