Santa Cruz respalda la reforma de la Ley de Glaciares y desafía al Poder Judicial
El gobierno provincial salió a defender la modificación de la norma que protege los cuerpos de hielo, argumentando que la actividad productiva puede convivir con controles ambientales rigurosos. La postura reaviva un debate que atraviesa a toda la Patagonia: cómo equilibrar desarrollo minero y protección de ecosistemas glaciares.

El Gobierno de Santa Cruz se pronunció con firmeza en defensa de la reforma a la Ley de Glaciares, cuestionando un fallo judicial que puso en duda la constitucionalidad de los cambios introducidos a la norma. Según la posición oficial, la actividad productiva —en particular la minera— puede continuar bajo un esquema de controles ambientales efectivos, reglas claras y evaluaciones técnicas permanentes.
La Ley de Glaciares, sancionada originalmente en 2010, fue concebida como un escudo para proteger los cuerpos de hielo y el ambiente periglaciar de toda la Argentina. Su reforma generó resistencias en organizaciones ambientalistas y sectores académicos que consideran que los cambios flexibilizan los estándares de protección en favor de la actividad extractiva, especialmente en provincias con fuerte presencia minera como Santa Cruz.
Desde Río Gallegos, las autoridades sostienen que la normativa reformada no elimina la protección sino que la ordena, permitiendo que las evaluaciones de impacto ambiental determinen caso por caso la viabilidad de los proyectos productivos. El argumento central es que un marco regulatorio más preciso brinda mayor seguridad jurídica tanto a los inversores como a las comunidades que conviven con los glaciares.
Para la Patagonia, el debate no es abstracto. La región alberga la mayor concentración de glaciares de la Argentina continental, desde los campos de hielo que comparte con Chile hasta los cuerpos menores que alimentan cuencas hídricas vitales para ciudades, chacras y ecosistemas. Cualquier modificación en su régimen de protección repercute directamente sobre el agua, la biodiversidad y las economías locales.
Lo que está en juego va más allá de una disputa legal. Es una definición sobre qué modelo de desarrollo elige la Patagonia: uno que priorice la extracción a corto plazo o uno que integre la producción con la preservación del recurso más estratégico del siglo XXI, el agua dulce almacenada en forma de hielo.
El fallo judicial cuestionado por Santa Cruz podría escalar a instancias superiores, y no se descarta que la Corte Suprema termine definiendo los alcances de la reforma. Mientras tanto, la tensión entre desarrollo productivo y protección ambiental sigue siendo el eje central de la agenda patagónica, una región que necesita empleo genuino pero que también es custodio de reservas naturales irremplazables.
Desde GLOBALpatagonia seguiremos este expediente con lupa. El desenlace marcará un precedente para toda la cordillera, de Neuquén a Tierra del Fuego, y también para las regiones glaciares del lado chileno.