Federaciones rurales patagónicas defienden la vigencia de la ganadería ovina
Organizaciones del sector rechazan comparaciones de la ganadería con prácticas coloniales y reivindican su valor estratégico para la producción y la identidad de la región.

Las federaciones rurales de la Patagonia salieron al cruce de voces que cuestionan la vigencia de la ganadería ovina, rechazando de plano las comparaciones que equiparan la actividad con oficios de otra época. En un pronunciamiento conjunto, las entidades defendieron el valor estratégico de una producción que define la identidad económica y cultural de la estepa patagónica desde hace más de un siglo.
La ganadería ovina no es un dato menor en la región: Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego concentran la mayor parte del stock ovino argentino. La lana patagónica abastece mercados internacionales exigentes y la carne de cordero es un producto con denominación de origen y demanda creciente en circuitos gastronómicos de todo el mundo. Para miles de familias de campo, el ovino sigue siendo el eje de su economía y su modo de vida.
El malestar de las federaciones se origina en declaraciones públicas que, según los productores, desconocen la realidad del sector y minimizan su aporte a la soberanía alimentaria y al arraigo poblacional en zonas remotas. En la Patagonia austral, donde las estancias son a menudo las únicas presencias humanas en cientos de kilómetros, la ganadería cumple además una función geopolítica: mantiene el territorio habitado y productivo.
El contexto no es sencillo para el sector. La sequía recurrente, la caída de precios internacionales de la lana, el avance de predadores como el puma —cuya población creció tras restricciones a su control— y los altos costos logísticos golpean la rentabilidad. Pese a todo, los productores insisten en que la actividad es viable y necesaria, siempre que existan políticas públicas que reconozcan sus particularidades.
Del otro lado de la cordillera, la ganadería ovina en Magallanes y Aysén enfrenta desafíos similares. La región de Magallanes fue históricamente una potencia lanera, y aunque el stock se redujo en las últimas décadas, la actividad sigue siendo parte central de la economía rural austral. La defensa de las federaciones argentinas bien podría extenderse a sus pares chilenas.
Lo que está en juego no es solo un debate económico: es una discusión sobre qué lugar ocupa la producción primaria en el imaginario nacional y si la Patagonia tiene derecho a definir su propio modelo de desarrollo.