Tras jubilarse reconstruyó una chacra y halló su destino entre lavandas
Una productora patagónica transformó un campo abandonado en un emprendimiento de lavandas que hoy genera producción artesanal y atrae visitantes.

Hay historias que solo pueden nacer en la Patagonia, donde el espacio sobra y las segundas oportunidades encuentran tierra fértil. La de esta productora es una de ellas: tras jubilarse, decidió reconstruir una chacra abandonada en la región y terminar el camino entre hileras de lavanda, una planta que encontró en el clima seco y los suelos patagónicos las condiciones ideales para prosperar.
El emprendimiento comenzó de manera casi intuitiva. La chacra estaba en desuso, con infraestructura deteriorada y terrenos que necesitaban recuperación. Lejos de ser un obstáculo, ese estado de abandono fue el punto de partida de un proyecto que hoy produce aceites esenciales, jabones artesanales y sachets aromáticos elaborados con lavanda cultivada sin agroquímicos.
La lavanda no es un cultivo tradicional de la Patagonia, pero se adapta con notable eficiencia a las condiciones de la región. Requiere poca agua, resiste heladas y florece con intensidad bajo la luz del largo verano patagónico. En los últimos años, varios productores del Alto Valle de Río Negro y de la meseta neuquina comenzaron a experimentar con este cultivo como alternativa a la fruticultura convencional.
Lo que distingue a esta historia es el modelo de producción. No se trata de un emprendimiento a gran escala, sino de una economía de cercanía: la cosecha se procesa de manera artesanal, los productos se comercializan en ferias regionales y la chacra misma funciona como espacio de visita para turistas que buscan experiencias rurales auténticas.
Este tipo de microemprendimientos tiene un valor estratégico para la Patagonia. En una región donde la concentración económica en torno al petróleo, la ganadería extensiva y el turismo masivo deja poco margen para la diversificación, las pequeñas producciones con identidad territorial abren un camino alternativo.
La historia también habla de algo más profundo: la posibilidad de reinventarse en un lugar que muchos asocian con el fin del mundo pero que, para quienes lo habitan, es un comienzo. Una chacra abandonada se convirtió en un campo violeta que hoy da trabajo, genera productos y cuenta una historia que es, en definitiva, la historia de la Patagonia productiva que resiste desde lo pequeño.