Comunidad Yagán y vecinos recuperan el río Ukika en limpieza histórica
En Villa Ukika, el asentamiento yagán más austral del mundo, una alianza entre la comunidad originaria y el municipio retiró años de escombros del río. La acción marca un precedente de gestión ambiental participativa con pueblo originario en Tierra del Fuego.

El río Ukika, que atraviesa la pequeña villa homónima en las cercanías de Puerto Williams —el poblado más austral del planeta con presencia yagán permanente—, volvió a respirar. Una jornada de limpieza conjunta entre la comunidad Yagán y funcionarios municipales logró retirar escombros y residuos acumulados durante años en el cauce y sus márgenes, devolviendo el espacio natural a las familias que viven a su vera.
La iniciativa se enmarcó en el programa "Pequeñas Comunidades", diseñado para intervenir en localidades donde la escala reducida de población no siempre garantiza acceso a los mismos recursos de gestión ambiental que las ciudades mayores. En este caso, vecinos y funcionarios trabajaron codo a codo en una tarea que la propia comunidad venía reclamando desde hacía tiempo.
Para los Yagán —pueblo canoero cuya presencia en los canales fueguinos se remonta a miles de años—, el río Ukika no es solo un curso de agua: es parte de su paisaje identitario, el mismo que da nombre al lugar donde sobrevive la última comunidad organizada de esta etnia. La acumulación de residuos sólidos y materiales de construcción había degradado un entorno que las familias utilizan cotidianamente para esparcimiento y vida comunitaria.
La limpieza incluyó el retiro de restos de mampostería, chatarra y basura doméstica que, con el paso del tiempo, habían alterado el flujo natural del río y generado focos de contaminación localizada. Si bien no se reportaron análisis de calidad de agua posteriores, la intervención física fue celebrada por los vecinos como un primer paso concreto hacia la restauración del entorno.
Desde la perspectiva panpatagónica, la acción tiene un doble valor. Por un lado, visibiliza la situación de los pueblos canoeros australes —Yagán y Kawésqar—, cuyas comunidades sobrevivientes enfrentan desafíos territoriales y ambientales con escasa cobertura mediática. Por otro, demuestra que la gestión ambiental en localidades extremas requiere modelos colaborativos donde el saber comunitario y la institucionalidad pública se encuentren.
El desafío ahora es la continuidad. Una limpieza puntual no resuelve el problema de fondo si no se establecen mecanismos de mantenimiento y un plan de manejo para el cauce. La comunidad Yagán ha expresado su voluntad de seguir participando, y el municipio deberá responder con compromiso sostenido. En el fin del mundo, un río limpio es mucho más que higiene urbana: es dignidad territorial.


