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Petróleo en Malvinas: dos empresas extranjeras apuestan a ampliar la extracción

Una compañía británica y una israelí quieren escalar la explotación petrolera en las islas en disputa. El anuncio reaviva la tensión sobre un recurso que Argentina considera propio y que las islas administran como si fueran territorio soberano.

🇬🇧 Malvinas 2026-06-04
Petróleo en Malvinas: dos empresas extranjeras apuestan a ampliar la extracción

En las aguas que rodean las islas Malvinas, el petróleo vuelve a ocupar el centro de la escena. Una empresa de origen británico y otra israelí confirmaron su intención de ampliar las operaciones de extracción en la cuenca marina que circunda el archipiélago, en lo que representa una nueva escalada en la disputa sobre los recursos naturales de un territorio cuya soberanía Argentina nunca resignó.

La noticia no es menor: hasta ahora, la exploración en esa cuenca había avanzado de manera gradual y con resultados disímiles. El anuncio de expansión marca un cambio de escala, con actores internacionales dispuestos a comprometer capital en una zona geopolíticamente sensible. Que una de las empresas sea israelí —sin ninguna vinculación histórica ni territorial con el Atlántico Sur— habla de la magnitud del interés comercial que despierta el potencial hidrocarburífero de la región.

Para Argentina, el movimiento es doble agravio: no solo implica la extracción de recursos que el país reclama como propios, sino que además avanza sin su consentimiento y bajo el paraguas legal del gobierno de las islas, que Londres sostiene como administración legítima. La posición argentina es consistente desde hace décadas: cualquier actividad de explotación en esa área sin acuerdo bilateral es unilateral e ilegítima.

Desde la perspectiva patagónica, el tema tiene peso propio. La Patagonia continental —Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego— mira esta cuenca como parte de una geografía compartida: el mismo mar, las mismas corrientes, los mismos ecosistemas. Lo que ocurre en torno a Malvinas no es ajeno a Río Gallegos, a Comodoro Rivadavia ni a Ushuaia. El Atlántico Sur es un espacio patagónico, y su disputa es también patagónica.

El contexto energético global agrega una capa más de complejidad. Con los precios del crudo en niveles que hacen rentables yacimientos antes descartados, las cuencas offshore del sur del mundo vuelven a ser atractivas para el capital internacional. Las Malvinas, con infraestructura instalada y un marco regulatorio propio que ignora la soberanía argentina, se presentan como una plataforma conveniente.

Argentina tiene instrumentos diplomáticos y legales para objetar estas operaciones, y históricamente los ha utilizado: notas de protesta, presión en foros internacionales, legislación doméstica que penaliza la participación en actividades extractivas no autorizadas en la zona. Lo que no ha logrado, hasta ahora, es detener el avance.

La pregunta que queda abierta es cuánto peso tiene hoy la posición argentina en la arena internacional, y si los nuevos actores —empresas de terceros países sin relación directa con la disputa— modifican el tablero diplomático o simplemente lo complican.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diario Río Negro.
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