De almacén en tierra a Vaca Muerta: 87 años de historia empresarial neuquina
Una empresa familiar que nació en los primeros años de Neuquén como ciudad de calles de tierra hoy provee combustible a los campos más activos de la cuenca hidrocarburífera más importante de Argentina.
Hay historias empresariales que cuentan, sin quererlo, la historia entera de un territorio. La de esta empresa neuquina es una de ellas: empezó como un almacén de ramos generales en una ciudad que todavía tenía calles de tierra, y 87 años después es un proveedor estratégico de Vaca Muerta, el corazón energético de la Patagonia argentina y uno de los yacimientos no convencionales más importantes del planeta.
El salto entre ambos extremos no fue lineal ni fácil. Implica generaciones de una familia que fue leyendo el territorio y adaptándose a sus transformaciones: primero la colonización del Alto Valle, luego la llegada del petróleo estatal, después la privatización y la apertura de los años noventa, y finalmente la revolución del shale que convirtió a Neuquén en destino de inversiones internacionales.
En ese recorrido, lo que esta empresa sostiene es algo más difícil de replicar que el capital o la tecnología: el conocimiento del terreno. Saber cómo opera una empresa en el interior neuquino, entender los tiempos de una cuenca petrolera, tener relaciones con proveedores locales y con las comunidades del entorno es una ventaja competitiva que no se construye en un año ni se importa desde Buenos Aires o Houston.
Vaca Muerta vive hoy un momento de expansión acelerada. Los acuerdos con YPF para exportar GNL, el ingreso de nuevas operadoras internacionales y la mejora relativa del marco regulatorio argentino generaron una demanda de servicios e insumos que el ecosistema local de empresas patagónicas está intentando capturar. No siempre lo logra: una parte significativa del valor generado en la cuenca se va en contratos con empresas de servicios petroleros globales que operan desde otras provincias o desde el exterior.
Que una empresa local con casi nueve décadas de historia esté en ese negocio no es un dato menor. Es una señal de que la Patagonia puede construir capacidad empresarial propia, acumulada en el tiempo, enraizada en el territorio. El desafío para la región es que historias como esta se multipliquen: que la riqueza del subsuelo genere también riqueza empresarial local, trabajo calificado y proveedores que se queden con el valor agregado en las ciudades donde viven quienes extraen el recurso.
A los 87 años, esta empresa sigue siendo una lección sobre lo que significa apostar al sur con paciencia y convicción.


