Chile instala presencia permanente en la Antártida por segundo invierno consecutivo
La base Profesor Julio Escudero del INACH vuelve a desafiar la oscuridad polar y el frío extremo sin cerrar sus puertas, consolidando una capacidad científica que muy pocos países del mundo sostienen. Lo que comenzó como un hito histórico en 2025 se convierte hoy en política permanente.
Hay decisiones que parecen técnicas pero son, en el fondo, una declaración de soberanía. El Instituto Antártico Chileno confirmó esta semana que la base Profesor Julio Escudero —su principal estación científica en el Continente Blanco— permanecerá operativa durante todo el invierno austral de 2026, repitiendo por segunda vez consecutiva una hazaña que hasta hace muy poco era considerada excepcional.
Operar una base científica durante el invierno antártico no es un trámite menor. Las temperaturas descienden muy por debajo de cero, la noche polar dura semanas, los vientos alcanzan velocidades que hacen inviable cualquier evacuación aérea de emergencia, y el aislamiento es casi total. Por eso, la mayoría de las estaciones del continente —incluyendo varias de potencias científicas consolidadas— cierran entre abril y octubre. Chile, en cambio, decidió quedarse.
La base Escudero está ubicada en la isla Rey Jorge, en el archipiélago de las Shetland del Sur, a menos de mil kilómetros del extremo austral de América. Esa proximidad relativa —Punta Arenas es la ciudad más cercana, con conexión logística directa— hace posible lo que de otra manera sería inviable: sostener una dotación humana y una agenda de investigación activa durante los meses más hostiles del año.
Desde el Sur global, esto tiene una lectura específica. La Patagonia chilena no es solo la puerta de entrada a la Antártida: es la base operativa, científica y logística desde la que Chile proyecta su presencia en el continente más austral del planeta. Punta Arenas, sede del INACH, es la ciudad que hace posible este récord. Sin la infraestructura regional, sin los equipos que se forman y operan desde Magallanes, la base Escudero no podría sostener su actividad invernal.
El segundo año consecutivo de operación invernal convierte lo que en 2025 fue un experimento en una capacidad instalada. Eso cambia la naturaleza de la presencia chilena en la Antártida: ya no es estacional, ya no es visitante. Es residente.
Los programas científicos que se desarrollan durante el invierno incluyen monitoreo de ecosistemas marinos, estudios atmosféricos y seguimiento de fauna en condiciones que solo existen en esa estación. Datos que no se pueden recolectar en verano, preguntas que solo el frío más extremo puede responder.
Para la Patagonia binacional, la continuidad de la base Escudero es también un espejo. Mientras el mundo debate el futuro del Tratado Antártico y la gobernanza del continente, el Sur ya está ahí, trabajando en la oscuridad polar.


