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Lobos marinos y snórkel: 20 años prueban que convivir es posible

Un estudio del CESIMAR-CONICET analizó dos décadas de snórkel con lobos marinos de un pelo en Puerto Madryn y confirmó que la actividad turística es compatible con la preservación de la colonia.

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Lobos marinos y snórkel: 20 años prueban que convivir es posible

Puerto Madryn tiene uno de los laboratorios naturales más singulares del Atlántico Sur: una colonia de lobos marinos de un pelo que desde hace más de veinte años comparte el agua con turistas en traje de neoprene. Ahora, investigadores del CESIMAR —Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, dependiente del CONICET y del CENPAT— publicaron los resultados de un análisis sistemático de esas dos décadas de convivencia, y las conclusiones son relevantes para toda la Patagonia.

El estudio evaluó tanto el valor ecológico como el económico de la colonia, y determinó que la actividad de snórkel con lobos marinos, cuando está correctamente regulada, no compromete el bienestar de los animales ni la dinámica del grupo. Es un dato que importa: en un contexto donde el turismo de naturaleza crece sostenidamente en la región, contar con evidencia científica que respalde o cuestione las prácticas vigentes es fundamental para tomar decisiones de manejo.

Los lobos marinos de un pelo —Otaria flavescens— son una de las especies más visibles del litoral patagónico. Sus colonias salpican la costa desde Río Negro hasta Tierra del Fuego, y generan una economía turística significativa en ciudades como Madryn, Puerto Pirámides y Puerto Deseado. Que haya ahora un respaldo empírico sobre los límites y las posibilidades de la interacción humana con estas colonias tiene valor directo para operadores, municipios y organismos de control.

El aporte del CESIMAR va más allá de la nota tranquilizadora. Al cuantificar el valor económico de la colonia —lo que los investigadores llaman valuación de servicios ecosistémicos— el estudio abre una conversación necesaria sobre cómo se pondera la naturaleza en las decisiones de desarrollo costero. No es lo mismo hablar de una playa con lobos que hablar de un activo económico y ecológico medible, con historia de dos décadas y proyección de largo plazo.

El trabajo es también un recordatorio del rol estratégico que tiene el CENPAT en Puerto Madryn: desde hace décadas, este centro genera conocimiento aplicado sobre el ecosistema patagónico que pocas veces recibe la atención que merece fuera del mundo académico. Estudios como este, que conectan ciencia, economía y política pública, son exactamente lo que la región necesita para tomar mejores decisiones sobre su patrimonio natural.

La Patagonia atlántica no es solo paisaje. Es un sistema vivo que produce, que atrae y que tiene sus propias reglas. Aprender a leerlas, como llevan veinte años haciendo estos investigadores, es la única forma de que la convivencia dure.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Tiempo Sur.
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