Offshore en Malvinas: las firmas que operan y el plan del Reino Unido
Empresas extranjeras ya perforan en aguas que Argentina considera propias, mientras Londres impulsa un ambicioso proyecto de expansión petrolera en el Atlántico Sur.
El Atlántico Sur tiene petróleo. Eso no es novedad. Lo que sí suma urgencia es que el Reino Unido avanza en un proyecto concreto de expansión offshore en aguas que rodean las Islas Malvinas, mientras empresas de distintos orígenes ya operan en esa zona bajo licencias otorgadas unilateralmente por la administración isleña y el gobierno británico.
El mapa de firmas que trabajan en esas aguas incluye compañías de capital europeo y anglosajon que desarrollan exploración sísmica y perforación exploratoria. Argentina considera esas operaciones ilegales, ya que se realizan en una zona que el país reivindica como parte de su plataforma continental y su Zona Económica Exclusiva. Cada pozo que se perfora sin consenso bilateral es, desde Buenos Aires, una violación del derecho internacional.
Londres, en cambio, encuadra estas actividades dentro de su soberanía sobre las islas y promueve activamente la inversión privada en el sector. El proyecto que impulsa el Reino Unido apunta a escalar la producción en una cuenca que los estudios geológicos ubican entre las más prometedoras del hemisferio sur, con reservas estimadas que podrían cambiar la ecuación energética regional.
Para la Patagonia, esta disputa tiene consecuencias directas. Las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego son las más cercanas geográficamente a la zona en conflicto, y cualquier derrame, accidente o impacto ambiental en esas aguas llegaría inevitablemente a sus costas. La conectividad ecológica del Atlántico Sur no distingue fronteras diplomáticas.
Desde el punto de vista económico, el offshore malvinense también presiona sobre las decisiones de inversión en el offshore argentino. Si el capital internacional fluye hacia las Malvinas con mayor facilidad regulatoria, el desarrollo de la cuenca argentina —que también tiene potencial significativo— pierde atractivo comparativo.
El debate sobre soberanía tiene décadas, pero el capítulo energético le agrega una dimensión nueva y más concreta. Ya no se trata solo de banderas y resoluciones de la ONU: hay plataformas, tuberías y contratos en juego. Y en ese tablero, la Patagonia austral es el territorio más expuesto.


