Punta Arenas y Ushuaia disputan el liderazgo antártico
Autoridades magallánicas exigen mayor inversión portuaria y aeroportuaria para no perder terreno frente a la ciudad argentina.
La competencia por ser la puerta de entrada a la Antártida se juega en el barro de los puertos y en las pistas de aterrizaje. El alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, junto a parlamentarios de la región, reclamó mayor inversión en infraestructura portuaria y aeroportuaria para defender el liderazgo antártico de la capital magallánica frente a Ushuaia. "No nos podemos quedar en los laureles", advirtió el jefe comunal, en una señal de que la ciudad austral siente la presión de su par argentina.
El reclamo tiene fundamento. Durante décadas, Punta Arenas fue el punto de partida natural de las expediciones antárticas, con una tradición logística que se remonta a los tiempos de las grandes exploraciones. Pero en los últimos años, Ushuaia ha ganado terreno con inversiones sostenidas en su puerto y en su aeropuerto, y hoy compite de igual a igual por los vuelos y los buques que abastecen las bases científicas.
La advertencia de Radonich apunta a un problema estructural: si la infraestructura de Punta Arenas no se moderniza, los operadores antárticos podrían optar por la vereda argentina. La renovación de la Base Escudero del INACH, anunciada por la Cancillería chilena, hace más urgente esa actualización. Una base más grande demandará más vuelos, más carga y más servicios portuarios, y la región que no esté preparada perderá esos flujos.
El debate excede lo local. La Antártida es un territorio regulado por el Tratado Antártico, pero la influencia de cada país se mide, en parte, por su capacidad de sostener operaciones científicas y logísticas. Puertos modernos y terminales aéreas eficientes no son solo obras de infraestructura: son herramientas de política exterior. En ese tablero, Punta Arenas y Ushuaia no compiten solo entre sí — compiten por atraer a los programas antárticos de terceros países que buscan bases de apoyo en el sur.
Para la Patagonia binacional, la disputa tiene un costado positivo: obliga a ambos países a invertir en el sur. Pero también expone una tensión real. Mientras Chile avanza con la renovación de Escudero, la ciudad que históricamente fue su puerta de entrada reclama no quedar relegada. La carrera antártica no se corre en el hielo, sino en los muelles.


