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Sernapesca y Armada incautan 4,5 kilómetros de redes centolleras en Magallanes

El operativo, que apunta a proteger uno de los recursos marinos más valiosos del extremo sur, expone una tensión estructural de la pesca artesanal e ilegal en la región. La centolla es motor económico de Magallanes, pero su sostenibilidad pende de controles que se multiplican con pocos recursos.

🇨🇱 Chile
Sernapesca y Armada incautan 4,5 kilómetros de redes centolleras en Magallanes

El Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) de Magallanes, junto a la Armada de Chile, incautó 4,5 kilómetros de redes centolleras en aguas de la región. La cifra no es menor: hablamos de una extensión de aparejos equivalente a casi cuarenta canchas de fútbol, dispuesta para capturar uno de los crustáceos más codiciados del Atlántico sur y uno de los pilares productivos de la pesca artesanal magallánica.

La operación, informada este 1 de octubre, se enmarca en el control de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), un fenómeno que en el extremo austral tiene aristas propias: la vastedad del territorio marítimo, la dispersión de las áreas de pesca y la limitada capacidad de fiscalización hacen que cada kilo de centolla capturado fuera de norma golpee directamente al bolsillo de los pescadores que sí cumplen. Magallanes concentra la mayor parte de la pesquería de centolla de Chile, y de su salud depende la economía de caletas como Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir.

El decomiso de redes también deja una pregunta incómoda: ¿cuánto material de este tipo permanece activo bajo la superficie? Las redes centolleras abandonadas no solo capturan de forma no selectiva, sino que pueden continuar matando fauna marina durante años si no son retiradas. En aguas frías como las magallánicas, la degradación es lenta y el daño se acumula.

La sostenibilidad del recurso centolla no es un tema abstracto. En los últimos años, la presión sobre las cuotas, la competencia entre flotas artesanales e industriales y la propia informalidad del sector han sido motivo de alerta recurrente entre biólogos marinos y organizaciones de pescadores. El operativo de este mes no es el primero de su tipo, pero su magnitud —cuatro kilómetros y medio de aparejos— sugiere que la fiscalización está lejos de ser suficiente.

Para la Patagonia binacional, el caso trasciende la frontera. La centolla cruza el estrecho de Magallanes en términos biológicos y comerciales: hay flotas argentinas que operan en aguas próximas y un mercado internacional que demanda el producto sin distinguir nacionalidad. Cualquier esquema de control efectivo requiere, tarde o temprano, coordinación entre Chile y Argentina.

Lo que queda claro tras este decomiso es que la riqueza del mar austral sigue siendo un territorio en disputa. Entre la presión del mercado, la falta de recursos para fiscalizar y la necesidad de sostener un recurso que no es infinito, Magallanes vuelve a estar en el centro de una discusión que define su futuro productivo.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diálogo Sur.
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