Histórico hallazgo en Antártica: primeras huellas de un mamífero carnívoro
Un equipo científico vinculado al INACH confirmó la presencia de un mamífero carnívoro terrestre en el Continente Blanco durante el Eoceno temprano, hace 55 millones de años. Es un nuevo hito de la paleontología mundial y coloca a la Antártica —y a la región de Magallanes como su puerta de entrada— en el centro del mapa científico global.
La Antártica dejó de ser solo hielo y silencio. Un estudio paleontológico de alcance mundial confirmó el hallazgo de las primeras huellas fósiles atribuibles a un mamífero carnívoro terrestre en el Continente Blanco, con una antigüedad estimada en 55 millones de años, en pleno Eoceno temprano. El anuncio fue difundido por el Instituto Antártico Chileno (INACH) desde Punta Arenas, y no es un dato menor que la noticia salga desde el sur: la capital magallánica es hoy la principal puerta operativa hacia el continente antártico para buena parte de la comunidad científica internacional.
El hallazgo reescribe un capítulo entero de la historia natural del planeta. Hasta ahora, la Antártica del Eoceno se imaginaba como un territorio dominado por bosques templados y fauna mayoritariamente herbívora, con aves y algunos reptiles como protagonistas principales. La presencia de un mamífero carnívoro terrestre obliga a repensar cómo era la cadena trófica de aquel ecosistema, cómo llegaron esos animales a un continente que luego quedaría aislado por el hielo y, sobre todo, qué vínculo existía con la fauna que por entonces habitaba lo que hoy es la Patagonia continental.
Los fósiles patagónicos y antárticos comparten una historia común que la comunidad científica conoce desde hace décadas: hasta la apertura definitiva del paso Drake, la Antártica y Sudamérica estuvieron conectadas, y esa conexión terrestre explica el intercambio de flora y fauna que hoy sirve de base a esta investigación. Cada nuevo hallazgo en el Continente Blanco tiene una lectura directa desde acá: lo que se descubre en la Antártica también cuenta la historia profunda de la Patagonia.
Para Chile, el anuncio refuerza el rol estratégico del INACH y de Punta Arenas en la geopolítica científica del extremo sur. La ciudad no solo es base logística: también es el lugar donde estos resultados se procesan, se comunican y se presentan. En un momento en que la Antártica vuelve al centro de las discusiones globales por cambio climático, soberanía y explotación de recursos, contar con ciencia propia producida desde la región es una forma concreta de ocupar territorio simbólico.
El hallazgo llega además en pleno Festival de las Ciencias 2026 en Magallanes, una coincidencia que refuerza el mensaje: la ciencia antártica no es un asunto de laboratorios lejanos, sino una actividad que la comunidad patagónica reclama como propia. Los libros “Clics Antárticos” y “Así la Proa”, presentados en ese marco, apuntan en la misma dirección: traducir la investigación a un lenguaje que conecte con la vida cotidiana de la región.
El trabajo ahora pasa a la fase de publicación y validación ampliada. Los equipos involucrados seguirán analizando si existen otros rastros vinculados en capas geológicas cercanas, un esfuerzo que podría ampliar el cuadro de cómo era la Antártica antes de congelarse. Es ciencia lenta, rigurosa y costosa, que se sostiene con presupuesto, logística y voluntad política.
La Antártica, una vez más, habla desde el sur. Y desde acá se la escucha con atención.


