De dónde viene el petróleo argentino: Neuquén y la cuenca patagónica concentran la producción
Un relevamiento provincia por provincia confirma el peso decisivo de la Patagonia en la matriz hidrocarburífera nacional. Vaca Muerta sigue traccionando, pero las cuencas del Golfo San Jorge y Austral también sostienen el mapa energético del sur.

La radiografía de la producción petrolera argentina deja una certeza que en la Patagonia se conoce de sobra: el crudo que mueve al país sale mayoritariamente de suelo patagónico. El repaso actualizado de los volúmenes extraídos provincia por provincia confirma que Neuquén lidera con holgura gracias al empuje sostenido de Vaca Muerta, la formación no convencional que redefinió el mapa energético del país y hoy atrae inversiones multimillonarias.
Pero la historia no se agota en la cuenca neuquina. Chubut y Santa Cruz, con la histórica cuenca del Golfo San Jorge, siguen aportando barriles que representan una porción significativa del total nacional. A eso se suma la cuenca Austral, que abarca el extremo sur de Santa Cruz y Tierra del Fuego, con producción tanto en tierra como offshore. En conjunto, las provincias patagónicas argentinas concentran la mayor parte del petróleo que el país extrae cada día.
Para la región, estos números tienen una lectura que va más allá de las estadísticas nacionales. La actividad petrolera es el principal motor económico de ciudades como Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia, Añelo, Rincón de los Sauces y Río Grande. Los ciclos del crudo marcan el ritmo de la vida cotidiana: cuando el precio internacional sube, las localidades petroleras crecen; cuando baja, la crisis se siente primero en las calles del sur.
El dato también interpela la discusión sobre regalías y distribución de la renta. Las provincias patagónicas vienen reclamando hace años una participación más justa en los ingresos que genera un recurso que se extrae de su territorio. La tensión entre Nación y provincias productoras es un clásico de la política argentina, pero en la Patagonia tiene un peso concreto que se traduce en obras, servicios y calidad de vida.
Al mismo tiempo, el protagonismo hidrocarburífero convive con un debate ambiental que no se puede soslayar. La expansión del fracking en Vaca Muerta genera interrogantes sobre el uso del agua, la sismicidad inducida y el impacto en comunidades que habitan la meseta. En el Golfo San Jorge, décadas de explotación convencional dejaron un pasivo ambiental que todavía espera remediación completa.
Lo que viene no es menor: la posibilidad de exportar crudo y gas a gran escala desde la Patagonia podría reconfigurar la economía regional en los próximos años. Pero para que ese horizonte sea genuinamente transformador, la región necesita que la riqueza del subsuelo se traduzca en desarrollo de superficie. Infraestructura, diversificación productiva y cuidado ambiental son las tres patas de una conversación que la Patagonia petrolera tiene pendiente consigo misma.