La Armada completó la operación Mare Nostrum para custodiar el Atlántico Sur
Con buques y aeronaves, concluyó la décima edición del operativo de vigilancia en la Zona Económica Exclusiva Argentina. La presencia naval busca disuadir la pesca ilegal y reafirmar soberanía en aguas patagónicas.

La Armada Argentina completó la décima edición de la operación Mare Nostrum, un despliegue integrado de medios navales de superficie y aeronaves destinado a reforzar la vigilancia y el control de los espacios marítimos del Atlántico Sur. El operativo, que finalizó el viernes pasado, se desarrolló en la Zona Económica Exclusiva Argentina (ZEEA), ese vasto corredor oceánico que se extiende desde las costas patagónicas hasta las 200 millas náuticas y que es escenario recurrente de actividad pesquera ilegal por parte de flotas extranjeras.
La ZEEA frente a las costas de Chubut y Santa Cruz constituye uno de los caladeros más ricos del planeta. Especies como el calamar, la merluza y el langostino atraen cada temporada a cientos de buques —muchos de ellos operando en el límite exterior de la zona exclusiva o directamente dentro de ella sin autorización—. Las operaciones como Mare Nostrum buscan precisamente disuadir esas incursiones, identificar embarcaciones y generar presencia efectiva del Estado en un territorio marítimo que equivale a casi la mitad de la superficie continental del país.
Desde GLOBALpatagonia venimos siguiendo la evolución de estos operativos porque el mar patagónico no es solo un recurso pesquero: es un ecosistema completo del que dependen comunidades costeras desde Rawson hasta Ushuaia, colonias de pingüinos, ballenas francas, lobos marinos y aves pelágicas. La pesca ilegal no declarada y no reglamentada no solo afecta la economía regional sino que pone en riesgo cadenas tróficas enteras.
Que Mare Nostrum haya alcanzado su décima edición habla de una continuidad operativa que, sin embargo, enfrenta desafíos crecientes. Los recortes presupuestarios en defensa y las limitaciones logísticas de la Armada contrastan con flotas pesqueras extranjeras cada vez más numerosas y tecnificadas. Organizaciones ambientales y científicas vienen reclamando mayor inversión en monitoreo satelital y cooperación internacional para cerrar las brechas de control.
El contexto se vuelve aún más relevante si se consideran los despidos recientes en organismos técnicos del Estado —como el Servicio Meteorológico Nacional— que tienen incidencia directa en la capacidad operativa de estas misiones. Sin datos meteorológicos precisos, la navegación de patrullaje y la coordinación aérea se complican.
Para la Patagonia, el Atlántico Sur no es un telón de fondo: es fuente de trabajo, alimento y biodiversidad. Cada operación de control es un recordatorio de que la soberanía marítima se ejerce con presencia concreta, no solo con declaraciones. Lo que viene después de Mare Nostrum es la pregunta que importa: si habrá recursos suficientes para sostener la vigilancia durante el invierno, cuando la actividad de flotas ilegales no se detiene.