El boom del GNC en Punta Arenas desborda la infraestructura de carga
Taxistas y particulares hacen filas de más de 50 minutos para cargar gas natural comprimido en la capital magallánica, revelando un cuello de botella logístico.

La adopción masiva del gas natural comprimido en Punta Arenas pasó de ser una buena noticia ambiental a un problema urbano concreto. Taxistas, colectiveros y conductores particulares que convirtieron sus vehículos a GNC enfrentan ahora esperas de más de 50 minutos en las escasas estaciones de carga disponibles en la ciudad, exponiendo una brecha entre el entusiasmo por el combustible más barato y la capacidad real de la infraestructura para sostenerlo.
El fenómeno tiene raíces claras: Magallanes es la única región de Chile donde el gas natural llega a precio subsidiado, lo que hace de la conversión a GNC una decisión económica casi obvia. El problema es que el crecimiento del parque automotor convertido fue más rápido que la instalación de nuevos puntos de abastecimiento. Las estaciones existentes quedaron saturadas y los tiempos muertos en la fila se traducen en horas de trabajo perdidas, especialmente para los taxistas que dependen de la rotación constante.
Desde la perspectiva patagónica binacional, la situación de Punta Arenas tiene un espejo del lado argentino. En ciudades como Río Gallegos o Comodoro Rivadavia, el GNC también ganó terreno en los últimos años, aunque con una red de estaciones algo más diversificada. La diferencia es que en Magallanes el gas natural es casi un símbolo regional: su disponibilidad a bajo costo forma parte de la identidad económica local. Que esa ventaja se convierta en frustración cotidiana genera malestar social y presión sobre las autoridades regionales.
El Consejo Regional y las autoridades de energía de Magallanes deberán resolver la ecuación: más puntos de carga, mayor capacidad en los existentes o una combinación de ambos. Mientras tanto, algunos conductores ya evalúan volver al diésel durante las horas pico para evitar las colas, lo que anularía parte del beneficio ambiental y económico de la conversión.
La transición energética en la Patagonia austral no es solo hidrógeno verde ni grandes parques eólicos. A veces es tan concreta como una fila de taxis esperando turno en una gasinera. Y si la infraestructura no acompaña, el entusiasmo se enfría rápido.