Tres muertos por hantavirus en un crucero que partió de Ushuaia
Un barco con 170 pasajeros registró seis casos sospechosos durante la travesía. Tres personas murieron, una permanece en terapia intensiva y solo uno fue confirmado por laboratorio. La investigación epidemiológica apunta al contacto previo al embarque en tierra fueguina.

Un crucero que partió de Ushuaia con destino a Cabo Verde se convirtió en el escenario de un brote de hantavirus que dejó tres muertos, una persona en terapia intensiva y otros dos casos en investigación. De los 170 pasajeros a bordo, seis presentaron síntomas compatibles con la infección. Hasta el momento, solo un caso fue confirmado mediante análisis de laboratorio. La noticia sacudió a las autoridades sanitarias de la Patagonia y abre interrogantes urgentes sobre los protocolos de bioseguridad en los puertos del extremo sur.
El hantavirus es una enfermedad viral transmitida principalmente por el contacto con roedores infectados o sus excrementos, orina y saliva. En la Patagonia, el principal reservorio es el ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), que habita los ambientes de bosque y estepa de Argentina y Chile. La infección puede derivar en el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH), con una tasa de mortalidad que puede superar el 40% en casos severos. Lo inusual de este episodio es el contexto: un crucero —ambiente cerrado y de alta densidad— es un escenario que los epidemiólogos no asociaban habitualmente con este tipo de brote.
La ciudad de Ushuaia está rodeada por los bosques subantárticos del Parque Nacional Tierra del Fuego, uno de los ecosistemas donde el hantavirus tiene presencia documentada. La hipótesis más probable, según especialistas, es que la exposición al virus ocurrió antes del embarque o en las primeras horas de la travesía, cuando el contacto con ambientes naturales es más frecuente. Los pasajeros que realizan excursiones de trekking o actividades de naturaleza en los días previos al zarpe representan una población en riesgo que rara vez es evaluada desde el punto de vista epidemiológico.
La investigación está en curso y las autoridades sanitarias de Tierra del Fuego trabajan en conjunto con el Ministerio de Salud de la Nación para determinar el origen exacto del contagio. La trazabilidad de los casos —dónde estuvo cada pasajero antes de subir al barco, qué ambientes frecuentó y cuándo comenzaron los síntomas— es clave para establecer si se trata de un brote con fuente común o de casos independientes. La confirmación por laboratorio de un solo caso no descarta que los demás correspondan también a hantavirus: los análisis demoran y las condiciones a bordo dificultaron el procesamiento de muestras.
La Patagonia tiene una historia larga con el hantavirus. Los primeros casos documentados en Argentina datan de los años 90. Desde entonces, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego registran brotes esporádicos, sobre todo en temporadas de abundancia de roedores que coinciden con años de alta producción de semillas del bosque nativo —el llamado ciclo de ratada. La pregunta que este brote vuelve urgente es si los puertos patagónicos están preparados para detectar y aislar casos infecciosos antes del zarpe.
Los cruceros que operan en el Atlántico Sur y la Antártida representan un segmento turístico de alto valor para la región. Ushuaia es el principal puerto de embarque mundial para expediciones antárticas y uno de los grandes centros de cruceros de América del Sur. Un brote con tres muertos es un golpe reputacional severo para un sector que todavía procesa los impactos del COVID-19. La discusión sobre screening sanitario previo al embarque —evaluación de síntomas, restricciones de contacto con fauna y ambientes naturales— será inevitable.
La Patagonia es uno de los últimos lugares donde la naturaleza conserva su escala original. Esa es su mayor riqueza y, en casos como este, también su mayor desafío. El hantavirus convive con el ecosistema desde siempre. Lo que cambia es la cantidad de personas que se adentran en ese ecosistema cada año, a veces sin las precauciones necesarias. Tres muertos en un crucero que zarpó de Ushuaia es un recordatorio de que el contacto con la naturaleza patagónica, sin información y sin protocolos, puede tener consecuencias irreversibles.


