Vaca Muerta cruza el río: Río Negro alista cinco concesiones no convencionales
La provincia avanza en el otorgamiento de cinco nuevas áreas de explotación no convencional, consolidando la expansión del esquema hidrocarburífero más allá de Neuquén.

La frontera productiva de Vaca Muerta se corre. Río Negro está en proceso de otorgar cinco concesiones para explotación no convencional de hidrocarburos, una movida que amplía significativamente el mapa energético patagónico más allá del epicentro neuquino donde todo comenzó.
Durante años, Vaca Muerta fue sinónimo de Neuquén: Añelo, Loma Campana, los grandes operadores concentrados en la cuenca Neuquina. Pero la formación geológica no respeta límites provinciales, y Río Negro lleva tiempo preparando el terreno institucional y técnico para sumarse con peso propio al juego del no convencional.
Las cinco concesiones que se alistan representan un salto cualitativo. No son permisos de exploración tentativa: son áreas con horizonte de producción, lo que implica infraestructura, inversión sostenida y empleo de mediano plazo. Para una provincia que históricamente miró el boom neuquino desde la vereda de enfrente, este movimiento tiene un componente de reivindicación territorial además del puramente económico.
El contexto nacional no es menor. El gobierno de Milei sostiene como uno de sus pilares estratégicos la expansión energética basada en hidrocarburos no convencionales, y Vaca Muerta es la joya de esa política. La apertura de Río Negro como actor pleno en ese esquema llega en un momento de apetito inversor internacional y de precios internacionales que, aunque volátiles, siguen siendo atractivos para proyectos de escala.
Pero la expansión también genera preguntas que la Patagonia no puede eludir. Las áreas no convencionales requieren grandes volúmenes de agua para la fractura hidráulica, en una región donde el recurso hídrico es estructuralmente escaso y cada vez más disputado. Los ríos Neuquén, Limay y Negro son el sistema circulatorio de toda la Norpatagonia, y cualquier política energética que los ignore es una política incompleta.
También está el debate sobre qué queda en la región. Las regalías son el instrumento tradicional de captura de valor, pero comunidades, municipios y organizaciones ambientales vienen reclamando hace años un modelo donde la renta energética se traduzca en infraestructura, servicios y diversificación productiva real, no solo en estadísticas de exportación.
Lo que Río Negro está haciendo es legítimo y esperable en su lógica provincial. El desafío es que el apuro por no quedar afuera del boom no opaque la discusión sobre cómo hacerlo bien.


