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ADN ambiental: la ciencia que lee la vida marina invisible en la Antártida

Investigadores chilenos utilizan técnicas de ADN ambiental para mapear la biodiversidad de metazoos marinos en la península Antártica, una herramienta clave ante el retroceso glaciar acelerado.

🇨🇱 Chile 2026-05-13
ADN ambiental: la ciencia que lee la vida marina invisible en la Antártida

El mar antártico guarda organismos que ningún buzo puede ver y que ninguna red de arrastre puede capturar sin alterar. Para conocerlos, un equipo de investigadores trabaja con una tecnología que no necesita encontrar al animal: le basta con detectar su huella genética en el agua. El ADN ambiental, o eDNA por su sigla en inglés, se está convirtiendo en una de las herramientas más potentes para comprender qué vive en los fondos y la columna de agua de la península Antártica.

La idea es directa: los organismos marinos, al moverse, alimentarse o simplemente existir, liberan fragmentos de su material genético al entorno. Células, mucosidades, heces, fragmentos de piel. Esos fragmentos quedan suspendidos en el agua y pueden ser capturados con muestras relativamente sencillas. Luego, en el laboratorio, el análisis bioinformático permite identificar qué especies estuvieron presentes en ese lugar y en qué densidad relativa.

Para la península Antártica, esa herramienta tiene una urgencia particular. Es una de las regiones del planeta que más rápido se está calentando, con retroceso glaciar acelerado, cambios en la temperatura del agua y alteraciones en la disponibilidad de hielo marino que afectan directamente a la cadena trófica. Entender cómo varía la biodiversidad de metazoos marinos —ese grupo que incluye desde pequeños crustáceos y gusanos hasta formas más complejas— ante esos cambios es fundamental para anticipar qué ecosistemas van a colapsar y cuáles pueden adaptarse.

Lo que hace especialmente valiosa a esta investigación es su capacidad para detectar cambios antes de que sean visibles. Las técnicas tradicionales de monitoreo biodiverso requieren años de muestreo intensivo para identificar tendencias. El eDNA puede dar una instantánea mucho más rápida y con menor impacto sobre el ecosistema que se está estudiando.

El trabajo se enmarca en la creciente actividad científica chilena en el continente blanco, coordinada en gran parte por el INACH desde Punta Arenas. La Patagonia chilena no es solo la puerta de entrada a la Antártida: es la base logística y científica desde donde se sostiene buena parte del conocimiento que el mundo produce sobre ese continente. Cada expedición que zarpa desde Punta Arenas lleva también la identidad austral de quienes la hacen posible.

Lo que el ADN ambiental está revelando en las aguas antárticas es apenas el comienzo de una biblioteca genética del extremo sur. Una biblioteca que, en tiempos de cambio climático, puede ser la diferencia entre anticipar una pérdida o descubrirla cuando ya es tarde.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de INACH.
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