El Calafate debate cómo sostener empleo turístico los 365 días
El intendente Belloni puso sobre la mesa la necesidad de diversificar la oferta invernal para que la economía de El Calafate no dependa solo de la temporada alta.

El Calafate creció de manera vertiginosa en las últimas décadas sobre una base frágil: el turismo de verano y la temporada alta concentran el grueso del movimiento económico, mientras el invierno deja a buena parte de la población activa en incertidumbre laboral. El intendente Walter Belloni puso esa tensión en palabras esta semana al señalar que la ciudad necesita discutir en serio cómo sostener el trabajo y seguir creciendo durante todo el año.
La declaración no es nueva como diagnóstico, pero sí como urgencia. El Calafate superó los 30.000 habitantes y consolida su posición como uno de los destinos turísticos más visitados de la Argentina, con el Glaciar Perito Moreno como ancla imbatible. El problema es que ese ancla funciona mejor en meses cálidos: el visitante internacional que viene a ver el glaciar en verano no suele repetir en julio. Y el invierno patagónico, con todo su potencial para actividades en nieve y frío, todavía no tiene la infraestructura ni la oferta que justifique un flujo constante.
Belloni mencionó el rol del Ente Mixto de Turismo como herramienta para articular el desarrollo con el sector privado, y destacó la necesidad de avanzar en proyectos estratégicos orientados a la temporada fría. El concepto de ente mixto — donde estado municipal y empresas privadas comparten planificación y recursos — es una apuesta de gobernanza turística que otras ciudades patagónicas observan con atención, porque El Calafate suele marcar tendencias en la región.
El desafío de la estacionalidad no es exclusivo de esta ciudad. Bariloche, Puerto Madryn, Puerto Natales al otro lado de la frontera — todas las economías turísticas patagónicas tienen el mismo problema estructural: cómo transformar la demanda pico en flujo sostenido. Las respuestas van desde el turismo científico y educativo hasta los eventos culturales y las certificaciones de experiencias de naturaleza en invierno.
Lo que El Calafate tiene a su favor es la escala: ya tiene masa crítica de visitantes y de infraestructura hotelera y gastronómica para experimentar con nuevos formatos. El paso que falta es el más difícil en cualquier economía turística — convencer al visitante de que el destino vale el viaje en temporada baja. Ahí es donde el Perito Moreno bajo la nieve, los cielos despejados del invierno andino y la quietud del lago Argentino podrían ser el argumento más poderoso que la ciudad tiene para ofrecer.


