El Domuyo respira: por qué la Patagonia necesita vigilar su volcán más alto
El volcán más elevado de la Patagonia argentina sigue activo y los científicos advierten que su monitoreo es urgente e insuficiente. Con aguas termales, sismos frecuentes y una cámara magmática que nadie conoce del todo, el Domuyo concentra riesgos para comunidades del norte neuquino que no deben ignorarse.

Hay montañas que la Patagonia venera y montañas que la Patagonia teme. El Domuyo, con sus 4.709 metros sobre el nivel del mar en el norte de Neuquén, está en las dos categorías. Es el techo de la región, pero también su volcán activo más alto — y uno de los menos estudiados de manera sistemática en el país.
Los científicos que trabajan en su monitoreo son claros: no se trata de un pico dormido. El Domuyo presenta actividad hidrotermal permanente, con fumarolas y aguas calientes que brotan en sus laderas. Los sismos en la zona son recurrentes. Debajo de todo eso, hay un sistema volcánico cuya cámara magmática aún no está cartografiada con precisión suficiente como para anticipar escenarios de alerta temprana.
El problema no es solo científico — es logístico y político. El monitoreo volcánico en Argentina históricamente se concentró en los sistemas de la cordillera central y sur, donde la actividad fue más evidente en décadas recientes. El Domuyo quedó en un margen: demasiado norte para las prioridades patagónicas, demasiado remoto para las estructuras institucionales porteñas. El resultado es una red de sensores escasa para la complejidad del sistema.
Lo que está en juego no es abstracto. En las inmediaciones del volcán viven comunidades rurales y mapuche que dependen de valles y recursos hídricos directamente vinculados al sistema hidrotermal. Una alteración brusca — por pequeña que sea en términos geológicos — puede afectar agua, suelo y accesos. Y en la Patagonia, donde las distancias multiplican cualquier emergencia, la anticipación no es una virtud académica: es una necesidad concreta.
Desde la perspectiva binacional, el Domuyo tiene además una lectura de frontera. La cordillera norte neuquina conecta con sistemas volcánicos activos del lado chileno — el corredor Copahue-Callaqui no está lejos — y cualquier evento de escala podría tener efectos cruzados en términos de cenizas, contaminación hídrica o desplazamientos de población. La cooperación entre el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) y el SERNAGEOMIN chileno en esta zona específica sigue siendo subóptima.
Monitorear el Domuyo no es un gasto: es una inversión en el único bien que la Patagonia no puede reponer — el tiempo de reacción. Conocer el volcán antes de que el volcán se haga notar es, en este rincón del planeta, exactamente lo que diferencia la prevención del desastre.


