INACH en la cumbre antártica: Chile llevó sus propuestas a Hiroshima
El Instituto Antártico Chileno participó en la 48ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico, donde diez días de negociaciones definieron el rumbo de la gobernanza del continente blanco.

Hiroshima fue, durante diez días de mayo, la capital del mundo antártico. Allí se celebró la 48ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA 48) y la 28ª sesión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA 28), el foro internacional más importante para la toma de decisiones sobre el continente más austral del planeta. Chile, a través del INACH, tuvo presencia activa en ambas instancias.
El Instituto Antártico Chileno —con sede en Punta Arenas, la ciudad que es puerta de entrada natural a la Antártica— participó de las negociaciones con una agenda propia. Desde la capital de Magallanes se coordina buena parte de la logística científica chilena hacia el continente blanco, y esa posición geográfica privilegiada se traduce en peso político en los foros internacionales.
La RCTA es el espacio donde los 56 países signatarios del Tratado Antártico debaten y acuerdan normas sobre investigación científica, protección ambiental, pesca en el océano Austral y gestión del turismo en la región. En la edición de Hiroshima, los temas de mayor tensión incluyeron la discusión sobre nuevas Áreas Marinas Protegidas (AMPs) en el océano Antártico y los protocolos para regular el turismo, que crece sostenidamente en la Antártica Peninsula.
Para Chile, y especialmente para Magallanes, lo que ocurre en estas reuniones no es diplomacia abstracta: define las condiciones en que opera la Base Profesor Julio Escudero en la isla Rey Jorge, regula las expediciones que parten desde Punta Arenas y establece los marcos de cooperación científica internacional en los que trabajan los investigadores del INACH.
La participación chilena en Hiroshima consolida además un posicionamiento estratégico que viene construyéndose desde hace décadas: el de un país que no solo tiene reclamaciones territoriales en la Antártica sino que también ejerce presencia científica continua y sostiene una infraestructura logística única en el Cono Sur.
Lo que se acuerde en cada RCTA tiene impacto directo sobre los ecosistemas antárticos que alimentan los mares patagónicos, sobre la regulación de la pesca de kril y sobre la conservación de especies que transitan entre la Antártica y las costas de Chile y Argentina. Seguir de cerca lo que Chile lleva y trae de estos foros es, para GLOBALpatagonia, una obligación.


