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Río Gallegos protege su cañadón: nueva reserva natural urbana es ley

La ordenanza N° 10.658 incorporó formalmente el área al sistema de áreas protegidas de la ciudad, impidiendo su urbanización futura.

🇦🇷 Argentina 2026-06-01

Río Gallegos tomó una decisión que las ciudades patagónicas pocas veces se animan a tomar: sacar tierra urbana del mercado y declararla intocable. La promulgación de la ordenanza N° 10.658 creó la Reserva Natural Urbana El Cañadón, que queda incorporada al sistema oficial de áreas protegidas de la capital santacruceña.

El nombre dice mucho sobre la geografía que se protege. Los cañadones son esas hendiduras en el paisaje estepario que la erosión del viento y el agua fueron tallando durante milenios. En el entorno urbano, suelen ser los últimos refugios de vegetación nativa, fauna menor y cursos de agua estacional que sobreviven al avance del asfalto. En muchas ciudades patagónicas ya desaparecieron bajo barrios y avenidas. Río Gallegos elige otro camino.

La declaración tiene el peso de una garantía institucional. No es una promesa de campaña ni un plan piloto: es una ordenanza municipal que establece un límite legal al crecimiento urbano sobre ese espacio. La zona no podrá ser urbanizada.

La creación de reservas naturales urbanas es una tendencia que las ciudades más conscientes de su entorno están adoptando en todo el mundo, pero en la Patagonia tiene una dimensión adicional. Las ciudades de la región crecieron históricamente de espaldas al ecosistema que las rodea, consumiendo estepa y costa sin demasiada planificación ambiental. Cada reserva urbana que se crea es una pequeña corrección de ese rumbo.

Para los vecinos de Río Gallegos, la reserva también tiene un valor cotidiano: un espacio natural accesible dentro de la ciudad, donde el viento patagónico no choca con una medianera sino con pastizales y aves. En una ciudad que no tiene grandes parques arborizados, un cañadón protegido es un bien común de primera línea.

Lo que falta ahora es la gestión. La declaración legal es el primer paso, pero las reservas naturales urbanas requieren monitoreo, señalética, control de residuos y educación ambiental para que la comunidad las adopte como propias. Ese es el desafío que viene para el municipio: que El Cañadón no sea solo un polígono en un mapa oficial, sino un lugar vivo en la ciudad.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Tiempo Sur.
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