Neuquén y YPF sellaron el acuerdo para exportar GNL desde Vaca Muerta
La provincia y la empresa estatal dieron un paso formal hacia la licuefacción y exportación de gas natural desde el yacimiento más importante de la Patagonia argentina.
El gas de Vaca Muerta tiene un nuevo horizonte. La provincia de Neuquén y YPF concretaron esta semana un acuerdo que marca un hito en la historia energética de la Patagonia: avanzar en firme hacia la exportación de gas natural licuado (GNL) desde el yacimiento más grande de Argentina y uno de los principales del mundo en reservas no convencionales.
El GNL es gas enfriado a temperaturas extremas para reducir su volumen y cargarlo en buques especializados. Es el formato que permite llevar el recurso a mercados de Europa y Asia, que no están conectados por gasoducto con la Argentina. Para Neuquén, esta posibilidad no es nueva en los discursos, pero sí en los hechos: el acuerdo firmado implica pasos concretos de planificación técnica, ambiental y regulatoria para viabilizar una planta de licuefacción.
El proyecto de GNL desde Vaca Muerta viene siendo discutido desde hace años. Lo que cambió en los últimos meses es la confluencia de varios factores: los gasoductos que conectan la cuenca con la costa atlántica están en etapa avanzada, Europa sigue buscando diversificar sus fuentes de energía tras la crisis post-invasión rusa a Ucrania, y el marco regulatorio del RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) abrió condiciones más favorables para proyectos de esta escala.
Desde la perspectiva patagónica, el impacto potencial es enorme pero también complejo. Una planta de licuefacción requiere infraestructura portuaria de gran escala, rutas de evacuación, instalaciones industriales costeras y una cadena logística que aún no existe en el territorio. El debate sobre dónde se instalará esa planta —y qué provincia o localidad aloja los beneficios y los riesgos— recién empieza.
Al mismo tiempo, la discusión ambiental es inseparable de este avance. Vaca Muerta opera en un entorno donde los ríos Neuquén, Limay y Neguén convergen hacia la Confluencia, y la escala de expansión productiva que supone el GNL implica más pozos, más camiones, más presión sobre acuíferos y comunidades rurales.
El acuerdo es un paso clave, como lo definen los protagonistas. Pero entre un paso clave y el primer barco cargado de GNL patagónico rumbo a Rotterdam hay una distancia que se mide en inversiones, decisiones ambientales y voluntad política sostenida. La Patagonia lo sabe: las reservas existen hace millones de años. La pregunta siempre fue qué hacemos con ellas.


