El libro 'Pewenche' recorre el Alto Biobío y pone en valor la memoria mapuche
Con motivo del Mes de los Pueblos Originarios, 26 ejemplares de una obra fotográfica y testimonial sobre el pueblo mapuche-pewenche fueron distribuidos en comunidades y autoridades del Alto Biobío.
Junio es, en Chile, el mes oficial de los Pueblos Originarios, y en el Alto Biobío eso tiene un significado que va más allá del calendario institucional. Esa zona cordillerana, en el límite entre la Araucanía y el Biobío, es territorio ancestral pewenche —la rama del pueblo mapuche que habita los bosques de araucarias, que en su lengua llaman pehuenes. Allí llegó esta semana el libro que lleva su nombre.
'Pewenche' es una obra de registro fotográfico y testimonio oral que busca documentar la memoria, la identidad y la cosmovisión de este pueblo. La distribución de 26 ejemplares entre comunidades locales y autoridades regionales fue organizada por la Fundación MC junto a Pilar Matte, en el marco de las conmemoraciones del mes. Más allá del gesto simbólico, la iniciativa pone sobre la mesa una discusión que en la Patagonia binacional tiene décadas de profundidad: quién narra la historia de los pueblos originarios, con qué recursos y para qué audiencia.
El pueblo mapuche-pewenche tiene presencia activa a ambos lados de la cordillera. En Argentina, las comunidades pewenche se concentran principalmente en el sur de Neuquén, en zonas como Loncopué, Aluminé y la cuenca del Agrio. En Chile, el corazón de su territorio está precisamente en el Alto Biobío, una zona que durante los años noventa fue escenario de uno de los conflictos más resonantes entre comunidades originarias y el Estado chileno, cuando la construcción de la central hidroeléctrica Ralco desplazó a familias enteras de sus tierras.
Ese antecedente no puede ignorarse al leer una iniciativa cultural de este tipo. El registro fotográfico y los testimonios de una comunidad que todavía habita esas montañas tienen un valor doble: preservan una lengua y una cosmovisión en riesgo, pero también construyen un archivo de resistencia que las propias comunidades pueden reivindicar como propio.
Desde el Sur Global, este tipo de publicación importa porque la memoria de los pueblos originarios patagónicos es también la memoria del territorio. La distribución del libro en el Alto Biobío no es un acto de beneficencia cultural: es una apuesta —todavía modesta, todavía insuficiente— por devolverles a las comunidades pewenche una imagen de sí mismas en sus propias manos.


