Neuquén y Río Negro lideraron el frío del país: -4,2°C en pleno invierno patagónico
Las dos provincias del norte patagónico encabezaron el ranking nacional de temperaturas mínimas, con registros que marcan el ingreso formal del invierno más crudo a la región.
No fue noticia para quienes viven aquí, pero los números lo confirmaron: Neuquén y Río Negro registraron las temperaturas más bajas del país en las últimas horas, con un mínimo de -4,2°C que las puso en lo más alto —o lo más bajo— del ranking nacional de frío invernal.
El dato tiene un contexto que va más allá del dato meteorológico. El invierno patagónico no es solo una condición climática: es un factor estructural que determina costos de producción, condiciones laborales, movilidad de personas y funcionamiento de infraestructura crítica. Cuando las temperaturas caen por debajo de cero en el Alto Valle, en Zapala y en los valles cordilleranos, el impacto se siente en cadena.
En la ganadería, el frío extremo eleva la mortalidad en rodeos y majadas mal protegidas. En la construcción —sector que en Vaca Muerta opera sin pausa— las condiciones de trabajo nocturno y madrugada se vuelven más exigentes y más costosas. En los hogares con gas envasado o calefacción eléctrica, el consumo se dispara en horas pico y la demanda sobre las redes de distribución llega a sus límites.
El frío también tiene su lado productivo. Las nevadas en la cordillera acumulan el agua que los ríos patagónicos necesitan para el deshielo de primavera y verano: el Limay, el Neuquén, el Negro. Esa reserva hídrica es el insumo de los sistemas de riego que sostienen la fruticultura del Alto Valle y la generación hidroeléctrica que alimenta la red nacional. Un invierno bien nevado es, paradójicamente, una buena noticia económica de mediano plazo.
La alerta meteorológica activa sobre Viedma y el alerta por viento en distintos puntos de la Patagonia norte completan el cuadro de una semana que pone a la región en modo invierno pleno. Las rutas de montaña, los pasos fronterizos con Chile y los accesos a localidades cordilleranas entran en protocolo preventivo, con Vialidad monitoreando el estado de la red y las empresas de transporte ajustando frecuencias según las condiciones.
Para los patagónicos, este frío no es una anomalía: es el invierno llegando en hora. Lo que sí cambia cada año es la capacidad del territorio para responder —con infraestructura, con previsión y con recursos— al desafío climático que define, en parte, la identidad de esta región.


