De huerta en Neuquén a desarrollador inmobiliario referente de la Patagonia
Un emprendedor que comenzó cultivando huertas en el oeste neuquino construyó desde cero uno de los estudios de desarrollo de Real Estate más importantes de la región patagónica.
Hay trayectorias que resumen algo esencial de la Patagonia: empezar con lo que hay, donde otros no ven posibilidad, y construir desde ahí. La historia del desarrollador inmobiliario neuquino que el Diario Río Negro recoge hoy tiene ese perfil. Un hombre que hacía huertas en el oeste de Neuquén y que hoy es uno de los mayores referentes del Real Estate en toda la región.
El salto no fue de la noche a la mañana, ni fue suerte. El oeste neuquino —zona de montaña, vientos, poca infraestructura y mucha distancia— no es el territorio donde el mercado inmobiliario nacional pone sus fichas. Pero es exactamente ahí donde este productor aprendió a leer el territorio, a entender qué necesita la gente que vive y trabaja en la Patagonia, y a traducir eso en proyectos concretos.
El desarrollo inmobiliario patagónico tiene características que lo diferencian del mercado porteño o cordobés. Las distancias son enormes, los costos logísticos son estructuralmente más altos, la mano de obra calificada no siempre está disponible localmente y las regulaciones provinciales varían entre Río Negro, Neuquén, Chubut y Santa Cruz. Quien aprende a operar en ese ecosistema construye un conocimiento que no se improvisa.
En la última década, el boom de Bariloche como destino internacional, el crecimiento de ciudades como Neuquén capital y Cipolletti, y la expansión de la industria energética en la cuenca Vaca Muerta generaron una demanda inmobiliaria genuina en la región. Los desarrolladores que ya estaban en el territorio —con redes, con proveedores, con experiencia en clima y suelos— fueron los que mejor capitalizaron esa ola.
La trayectoria de huerta a Real Estate no es solo una historia de ascenso personal. Es también un argumento sobre cómo se construye conocimiento territorial en la Patagonia: desde adentro, con las manos en la tierra —literal y figuradamente— antes de poner los cimientos de un edificio.
En una región donde la mayoría de los grandes capitales inmobiliarios llegan desde afuera, la existencia de desarrolladores con raíces locales y trayectoria propia es un dato relevante para la economía regional. El sur tiene sus propios constructores.


