Chubut regula el avistaje de ballenas: 15 temporadas en juego para 7 empresas
El gobierno chubutense avanza en la ordenación de uno de los recursos turísticos más valiosos del Atlántico Sur: el avistaje de ballenas francas australes en Península Valdés. Siete empresas ingresaron al proceso licitatorio para obtener concesiones por 15 temporadas consecutivas, un modelo que busca profesionalizar el sector y proteger a los cetáceos al mismo tiempo.
Hay un animal que cada año convierte al Mar Argentino en escenario único: la ballena franca austral. Y Chubut, la provincia que custodia el corazón de ese fenómeno en Península Valdés, decidió que ya no puede seguir manejando ese recurso de manera informal. El gobierno provincial dio un paso concreto: lanzó un proceso licitatorio para regular el servicio de avistaje y siete empresas se presentaron para competir por las concesiones.
Lo que está en juego no es menor. Las concesiones tendrán una vigencia de 15 temporadas, lo que implica planificación a largo plazo, inversión real en embarcaciones y protocolos, y una relación estable entre los operadores y el Estado provincial. El modelo apunta a terminar con la precariedad de un sector que mueve miles de turistas por año —muchos de ellos internacionales— sin las garantías mínimas de calidad ni de impacto ambiental controlado.
Península Valdés es Patrimonio Natural de la Humanidad desde 1999. Esa distinción, lejos de ser un título decorativo, impone obligaciones concretas sobre cómo se gestionan las actividades que ocurren dentro de sus límites. El avistaje de ballenas es la principal atracción de la zona entre julio y diciembre, cuando las francas australes llegan a reproducirse y criar a sus ballenatos en las aguas cálidas del golfo. La temporada pico convoca a turistas de todo el mundo y genera una economía que sostiene a Puerto Madryn y a Puerto Pirámides.
Pero el crecimiento del sector también trajo tensiones. La cantidad de embarcaciones, la distancia mínima de aproximación a los animales, los horarios de operación y la capacitación de los guías son variables que históricamente se manejaron con criterios dispares. La nueva licitación intenta poner orden en eso: quien quiera operar deberá ajustarse a condiciones técnicas y ambientales precisas durante más de una década.
Desde la perspectiva patagónica, esta decisión tiene un valor que va más allá de lo administrativo. La ballena franca austral es un símbolo compartido del litoral atlántico —aparece en escudos, en marcas regionales, en el imaginario colectivo de toda la costa patagónica argentina. Regularizar su avistaje es, en cierto modo, tomar en serio la responsabilidad de custodiar algo que no le pertenece solo a Chubut sino a toda la región.
El proceso licitatorio ya tiene aspirantes concretos y avanza. Los próximos pasos definirán quiénes serán los operadores habilitados y bajo qué condiciones específicas deberán trabajar. Para las comunidades costeras que dependen de la temporada de ballenas, la expectativa es alta: la estabilidad que promete un contrato de 15 años puede ser la base para invertir más y mejor en una experiencia que, bien gestionada, tiene todo para ser referente mundial.


