El tuco-tuco de Esquel vive en grupos: tercera especie social del género
Un hallazgo científico en la meseta patagónica reescribe lo que se sabía sobre este roedor subterráneo endémico: el Ctenomys dorbignyi no vive solo, sino en colonias. Es apenas la tercera especie del numeroso género tuco-tuco en la que se confirma sociabilidad, y el descubrimiento ocurrió en las afueras de Esquel.
Durante décadas, los tuco-tucos fueron retratados como animales solitarios. Cada individuo, su túnel. Cada túnel, su mundo. Esa imagen canónica acaba de romperse en la Patagonia andina: investigadores que estudiaban al tuco-tuco de Esquel —Ctenomys dorbignyi, especie endémica de la zona— comprobaron que estos roedores subterráneos forman grupos estables, comparten galerías y sostienen vínculos sociales continuos.
El descubrimiento convierte a esta especie en apenas la tercera del género Ctenomys —uno de los más diversos entre los mamíferos, con más de sesenta especies distribuidas en América del Sur— en la que se documenta conducta social. Las otras dos corresponden a especies uruguayas estudiadas hace años. Que ahora aparezca un tercer ejemplo en plena Patagonia no es un dato menor: abre preguntas sobre si la sociabilidad evolucionó varias veces de forma independiente dentro del género, o si hay condiciones ambientales específicas que la favorecen.
La investigación se desarrolló en las inmediaciones de Esquel, en la provincia de Chubut, donde el tuco-tuco de Esquel tiene su distribución conocida. El trabajo de campo implicó seguimiento de individuos, mapeo de sistemas de galerías y observación directa de interacciones: una tarea que, en animales que pasan casi toda su vida bajo tierra, requiere paciencia y metodología muy específica.
Lo que encontraron los científicos no fue convivencia ocasional sino agrupamiento estable: varios individuos compartiendo un mismo sistema de túneles, con tolerancia mutua y estructura de grupo. En los roedores subterráneos, ese tipo de organización tiene costos —más competencia por recursos, más exposición al contagio de enfermedades— y también beneficios, como la defensa territorial conjunta y la detección de depredadores.
Para la Patagonia, el hallazgo tiene una dimensión que va más allá de la taxonomía. El tuco-tuco de Esquel es una especie con rango geográfico restringido, lo que la hace particularmente sensible a cambios en el uso del suelo, la expansión urbana y la alteración de pastizales. Conocer que vive en grupos cambia la ecuación de conservación: ya no alcanza con proteger individuos aislados, sino los sistemas de galerías compartidas que sostienen la vida comunitaria de la especie.
El género Ctenomys tiene en la Patagonia argentina una diversidad notable, con varias especies distribuidas desde la estepa hasta el piedemonte andino. Cada una adaptada a su sustrato, a su altitud, a su clima. El tuco-tuco de Esquel habita una franja de transición entre el bosque andino y la estepa: un ambiente que la presión humana y el cambio climático están modificando a ritmo acelerado.
Este descubrimiento es un recordatorio de que la ciencia patagónica sigue revelando complejidades en especies que creíamos conocer. El subsuelo de la meseta guarda más de lo que la superficie deja ver.


