Cuarenta años poniendo blanco en Neuquén: dos contadores que apostaron al sur
Dos ex contadores fundaron hace cuatro décadas una empresa que hoy forma parte del paisaje productivo neuquino, en un ejemplo de apuesta personal al desarrollo de la región.
Había una vez dos contadores que miraron sus balances, miraron el mapa y eligieron la Patagonia. Hace cuarenta años, en Neuquén, ese salto al vacío se convirtió en empresa, en historia, en identidad regional.
La historia que recoge el Diario Río Negro es la de dos profesionales que abandonaron la seguridad de sus escritorios para fundar un negocio propio en una provincia que en los años ochenta vivía la turbulencia del petróleo, la incertidumbre democrática y la promesa de un desarrollo que todavía buscaba forma. Elegir emprender en ese contexto no era una decisión de manual: era una apuesta con todo lo que tenían.
Cuarenta años después, la empresa sigue en pie y sigue siendo neuquina. Ese detalle —la permanencia, el arraigo— es lo que convierte esta historia en algo más que un aniversario corporativo. En la Patagonia, donde muchas iniciativas productivas nacen como enclaves de capitales externos y mueren cuando los precios caen, una empresa fundada por locales que se mantiene cuatro décadas es casi un acto de resistencia cultural.
La expresión que usa el título original —ponerle blanco a Neuquén— sugiere una actividad ligada a la construcción, los revestimientos o los materiales para la obra. Si es así, el anclaje con el crecimiento urbano de la capital provincial y del interior neuquino es directo. Las ciudades de la Patagonia argentina crecieron a velocidad inusitada en las últimas décadas: Neuquén capital es hoy una de las ciudades de mayor crecimiento demográfico del país, y ese crecimiento necesitó proveedores locales capaces de abastecer una demanda sostenida.
Las empresas de fundadores locales tienen un rol que va más allá de lo económico. Son memoria, son red social, son parte de la trama que hace que una ciudad sea algo más que un campamento de recursos naturales. Cuando una empresa cumple cuarenta años en la Patagonia, está contando también la historia de quienes creyeron que valía la pena quedarse y construir aquí.
El modelo de los dos ex contadores —formación técnica aplicada a un rubro diferente, confianza en el mercado local, capacidad de sostenerse en el tiempo— es un esquema que merece ser documentado y replicado. La Patagonia necesita más historias así: emprendedores que no llegaron a extraer y marcharse, sino a construir y quedarse.


