La Antártida chilena construye un refugio que puede salvar vidas
La Sección de Exploración y Rescate O'Higgins terminó un refugio de emergencia junto a la pista de aterrizaje de la Base Antártica del Ejército. En el continente blanco, donde una tormenta puede volverse mortal en minutos, la infraestructura de seguridad no es un lujo: es la diferencia entre sobrevivir o no.
En la Antártida no hay segunda oportunidad. Una tormenta que se forma sobre el Drake puede alcanzar la costa en horas, los vientos superan los cien kilómetros por hora sin previo aviso y las temperaturas caen a niveles que el cuerpo humano no tolera sin protección. Es en ese contexto donde debe leerse la construcción del nuevo refugio de emergencia en las inmediaciones de la pista de anevizaje de la Base Antártica del Ejército de Chile, ejecutada por la Sección de Exploración y Rescate O'Higgins —la SERO—, una de las unidades especializadas más activas del continente helado.
El refugio fue diseñado específicamente para incrementar la seguridad del personal que realiza misiones en la base y sus alrededores. Su ubicación junto a la pista no es casual: es el punto de mayor exposición operativa, donde los equipos trabajan durante las maniobras de aterrizaje y despegue en condiciones que pocas veces permiten el lujo de esperar.
La base O'Higgins, situada en la Península Antártica, es una de las instalaciones militares chilenas con mayor continuidad de operación en el continente. Funciona todo el año y alberga tanto personal militar como científico. La SERO, que lleva el nombre del lugar, tiene entre sus responsabilidades garantizar que cualquier contingencia —desde una caída en grieta hasta una emergencia médica en campo abierto— pueda ser respondida con rapidez y con los medios adecuados.
Esta clase de infraestructura de seguridad complementa el trabajo que realizan organismos como el INACH —Instituto Antártico Chileno— y las distintas bases que Chile mantiene activas en el continente. La lógica es la misma en todos los casos: cada mejora en seguridad operativa amplía el margen para hacer ciencia, para explorar, para sostener presencia soberana en uno de los territorios más disputados y estratégicos del planeta.
Desde la Patagonia binacional, la Antártida no es un destino lejano ni abstracto. Es la extensión natural del sur: el mismo viento que azota Tierra del Fuego sigue hacia el polo, y las comunidades de Punta Arenas, Puerto Williams o Ushuaia tienen vínculos históricos, logísticos y emocionales con el continente blanco. Cada refugio construido, cada base reforzada, cada expedición que regresa sana es también una victoria de quienes viven en el extremo austral.
El detalle técnico del refugio —materiales, dimensiones, capacidad— no fue divulgado oficialmente, lo que es habitual en instalaciones de uso militar. Lo que sí quedó claro es el criterio que guió su construcción: antes de ampliar el alcance de las misiones, hay que garantizar que quienes las realizan puedan volver.


