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Comarca Andina en llamas: lo que el fuego revela sobre la fragilidad del bosque patagónico

Los incendios que arrasaron El Hoyo y el corredor del paralelo 42 no fueron una sorpresa. Fueron la consecuencia anunciada de décadas de cambio climático, urbanización sin planificación y una política de manejo del fuego que llegó siempre tarde.

📰 GLOBALpatagonia 🌎 Argentina 2026-04-17
Comarca Andina en llamas: lo que el fuego revela sobre la fragilidad del bosque patagónico

Cuando el fuego llegó a El Hoyo en lo peor de la temporada, los vecinos que habían visto llegar el humo desde lejos ya sabían lo que venía. La Comarca Andina del Paralelo 42 —ese corredor de bosques y comunidades que une El Bolsón con Epuyén a lo largo del cordón cordillerano chubutense— lleva años siendo una de las zonas de mayor riesgo de incendio de la Patagonia. Lo que ocurrió no fue un accidente improbable: fue el resultado previsible de una combinación de factores que ningún plan de emergencia puede resolver por sí solo.

El cambio climático redefinió el perfil del riesgo. Las temporadas secas son más largas, las temperaturas más extremas, la humedad del suelo más baja. El bosque andino patagónico —lenga, ñire, ciprés, coihue— evolucionó durante milenios en un ambiente donde el fuego era infrecuente y localizado. No tiene los mecanismos de recuperación que los bosques mediterráneos o tropicales desarrollaron conviviendo con el fuego. Cuando arde, tarda décadas en recuperarse. Cuando arde en condiciones extremas, puede no recuperarse en absoluto.

A ese riesgo natural se suma uno humano. La Comarca Andina creció en las últimas dos décadas con una velocidad que superó ampliamente la capacidad de planificación de los municipios. Las interfases entre la zona urbana y el bosque —donde las casas se mezclan con la vegetación sin cortafuegos, sin accesos para los vehículos de emergencia, sin redes de agua suficientes— son las zonas de mayor riesgo y también las de mayor expansión inmobiliaria. La belleza del lugar que atrae a quienes se instalan es exactamente el combustible que hace peligrosa la instalación.

Los bomberos voluntarios, los brigadistas del Parque Nacional Nahuel Huapi y los efectivos provinciales respondieron con el heroísmo de siempre. Con los recursos de siempre también: insuficientes, tardíos, desbordados. Argentina tiene un sistema de respuesta al fuego que depende estructuralmente del voluntarismo y del improviso. Las brigadas mejor equipadas están en el norte del país, donde la densidad política y poblacional es mayor. La Patagonia recibe lo que sobra, cuando sobra.

Lo que El Hoyo exige no es solo más camiones y aviones hidrantes. Exige una política de ordenamiento territorial que deje de aprobar construcciones en zonas de altísimo riesgo. Exige un presupuesto permanente para el manejo preventivo del combustible forestal —desmalezado, cortafuegos, monitoreo satelital— que no dependa de la emergencia del año. Exige reconocer que el bosque andino patagónico es un bien común que el Estado tiene obligación de proteger aunque eso incomode al mercado inmobiliario.

El fuego no distingue entre propiedades privadas y áreas protegidas. La política pública debería aprender a hacer lo mismo.

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