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Magallanes invierte $212 millones en agricultura familiar protegida

Un convenio entre el Gobierno Regional de Magallanes e INDAP destina 212 millones de pesos chilenos para ampliar la superficie de cultivo protegido en la región más austral del país.

🇨🇱 Chile
Magallanes invierte $212 millones en agricultura familiar protegida

Producir alimentos en Magallanes es un desafío que pocos sistemas agrícolas del mundo enfrentan con tantas variables en contra: vientos que derriban estructuras, heladas que pueden llegar en cualquier mes del año y una temporada de crecimiento notoriamente corta. Sin embargo, la Agricultura Familiar Campesina de la región no solo persiste —avanza.

Un convenio entre el Gobierno Regional de Magallanes (GORE) e INDAP —el Instituto de Desarrollo Agropecuario de Chile— puso en marcha proyectos por 212 millones de pesos para fortalecer la capacidad productiva de los agricultores familiares y ampliar la superficie dedicada al cultivo protegido en la zona. Invernaderos, sistemas de riego cubierto y estructuras que permitan extender la temporada son las apuestas concretas de la iniciativa.

El cultivo protegido es, en el extremo sur del continente, mucho más que una técnica: es la diferencia entre poder producir o no. Las condiciones climáticas de Magallanes hacen que sin cobertura, muchos cultivos hortícolas sean inviables. Con infraestructura adecuada, en cambio, es posible abastecer mercados locales con productos frescos que hoy en gran parte se traen desde el norte del país o desde Argentina, con los costos de flete que eso implica.

El impacto económico de reducir esa dependencia es significativo. Cada kilogramo de lechuga, tomate o acelga producido localmente es un peso que no sale de la región. Y en una zona donde la logística encarece todo, la producción local tiene una ventaja competitiva real cuando tiene la infraestructura para sostenerse.

Para INDAP Magallanes, este tipo de convenios con el GORE representa una línea de trabajo que viene ganando tracción: complementar los programas nacionales de apoyo a la agricultura familiar con financiamiento regional que entiende las especificidades del territorio austral. No es lo mismo ser productor en el Valle Central chileno que serlo en Puerto Natales o Tierra del Fuego.

En el contexto patagónico binacional, la iniciativa también tiene lectura de este lado de la cordillera. En Santa Cruz y Chubut, la producción frutihortícola en zonas de estepa enfrenta desafíos similares, aunque con menos apoyo institucional articulado. Que Magallanes avance en soberanía alimentaria local con inversión pública concreta es un modelo que vale la pena seguir de cerca.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diálogo Sur.
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