CONAF lleva prevención de incendios a la escuela rural de Torres del Paine
El equipo provincial de CONAF dio charlas a docentes, estudiantes y apoderados de Cerro Guido, en plena zona de amortiguación del parque más visitado de la Patagonia chilena.
El incendio de Torres del Paine de 2011 quemó más de 17.000 hectáreas y dejó una herida que la región todavía no termina de cicatrizar. Desde entonces, la prevención dejó de ser una consigna abstracta para convertirse en una necesidad concreta en cada comunidad que vive en los alrededores del parque. En ese espíritu, el equipo provincial de la Corporación Nacional Forestal realizó una jornada de charlas en la escuela rural de Cerro Guido, en plena comuna de Torres del Paine.
La actividad reunió a profesores, estudiantes y apoderados de una localidad que, por su posición geográfica, es de las más expuestas a los riesgos de incendio en toda la Patagonia chilena. Cerro Guido es una de esas comunidades pequeñas donde el monte está a metros de las casas, donde el viento patagónico puede convertir una chispa en un frente de fuego en cuestión de minutos y donde el tiempo de respuesta de los servicios de emergencia puede medirse en horas.
El enfoque de CONAF en esta jornada no fue solo técnico. Trabajar con niños y jóvenes en zonas rurales implica transmitir cultura del fuego: entender que el viento, la sequía y la vegetación nativa crean condiciones de riesgo particulares, que las fogatas mal apagadas son la principal causa de incendios en la estepa y el bosque subantártico, y que cada vecino es, en la práctica, el primer eslabón de la cadena de prevención.
En el contexto del invierno austral, la jornada puede parecer contraintuitiva. Pero la experiencia demuestra que los peores incendios en la Patagonia chilena ocurren en primavera y verano, cuando el calor y el viento se combinan con una vegetación reseca. Preparar a las comunidades en julio significa tener vecinos informados cuando llegue la temporada crítica.
Para Torres del Paine, que recibe centenares de miles de turistas al año y cuyo ecosistema de bosque magallánico, praderas y glaciares no tiene equivalente, la prevención de incendios es también una política de conservación patrimonial. Lo que se quema en el confín del mundo no vuelve.


