Guanaco en Santa Cruz: entre la sobrepoblación y el plato vacío de Buenos Aires
El biólogo Stuart Blake advierte que Santa Cruz no puede sola con el exceso de guanacos y propone convertir la presión demográfica del animal en recurso alimentario nacional.
El guanaco es parte del paisaje estepario patagónico desde antes que existieran las provincias, los alambrados y los frigoríficos. Pero hoy, en Santa Cruz, ese vínculo centenario tiene un lado que incomoda: hay demasiados guanacos, y eso está generando un conflicto territorial, productivo y ecológico que la provincia no puede resolver en soledad.
Así lo plantea Stuart Blake, activista y especialista en manejo de fauna formado en biología, que viene alertando sobre la sobrepoblación de la especie en la región. Su diagnóstico es contundente: los controles poblacionales que se aplican en otras partes del mundo para gestionar especies en desequilibrio son una herramienta válida, necesaria y urgente en la estepa santacruceña. Y su propuesta tiene una lógica que desafía los prejuicios urbanos: si hay excedente de guanaco, que lo coma Buenos Aires.
La frase es provocadora por diseño, pero el fondo es serio. La ganadería ovina en Santa Cruz convive con tensiones crecientes generadas por la competencia con el guanaco por el pasto. Los productores llevan años reclamando respuestas. La respuesta históricamente ha sido lenta, burocrática y políticamente sensible, porque el guanaco goza de una protección simbólica difícil de cuestionar desde los centros urbanos.
Blake invierte el argumento: si la Argentina quiere hablar de soberanía alimentaria, de proteína sustentable, de producción con identidad territorial, el guanaco es una respuesta posible. Su carne es magra, su crianza es extensiva y su presencia en la estepa es un hecho ecológico que puede gestionarse con criterio científico en lugar de ignorarse.
El debate no es nuevo, pero la urgencia sí. La densidad poblacional del guanaco en ciertas zonas de Santa Cruz ha alcanzado niveles que generan daño real sobre la vegetación nativa y sobre la rentabilidad de los campos. El modelo de manejo que propone Blake incluye controles similares a los que se implementan en Nueva Zelanda con el ciervo, en Escocia con el venado o en Australia con el canguro: fauna silvestre gestionada como recurso, no como problema.
Lo que está en juego no es solo la viabilidad del campo santacruceño. Es la pregunta más amplia sobre qué significa habitar la Patagonia con responsabilidad ecológica: ni ignorar los desequilibrios ni romantizarlos. El guanaco merece un lugar en la mesa, en todos los sentidos de la expresión.


