Club Andino Bariloche cumple 95 años: historia viva del andinismo patagónico
El CAB celebra su 95° aniversario el 14 de agosto con una cena en el histórico Refugio 1931, símbolo fundacional del montañismo en la Patagonia argentina.
Hay instituciones que son más que clubs: son el soporte invisible de una cultura. El Club Andino Bariloche cumple 95 años y lo celebra como corresponde — en la montaña, en el refugio que lleva el año de su fundación como nombre, con los socios, las familias y los amigos que sostuvieron décadas de historia colectiva.
La cena del 14 de agosto en el Refugio 1931, a las 20:00 horas en la base del cerro, no es solo un evento social. Es el reconocimiento de que una institución construida por pioneros centroeuropeos — muchos de ellos inmigrantes alemanes, suizos y austriacos que llegaron a Bariloche a principios del siglo XX — terminó siendo el núcleo desde el que se organizó el andinismo argentino, se trazaron los primeros senderos de la Patagonia andina y se formaron generaciones de guías, escaladores y esquiadores.
El CAB tiene una historia que la Patagonia no puede dar por sabida. Fue esta institución la que impulsó la construcción de los primeros refugios de montaña en el Nahuel Huapi, la que formalizó las rutas de acceso al Cerro Catedral cuando todavía no había infraestructura turística, y la que durante décadas operó como la única red de seguridad para quienes se internaban en la cordillera.
A los 95 años, el club sigue siendo un actor central del ecosistema deportivo y cultural de Bariloche. Gestiona refugios, organiza cursos de escalada y esquí, mantiene senderos y forma parte del entramado institucional que hace posible que miles de personas accedan a la montaña con orientación y algún nivel de seguridad.
Lo que el aniversario también invita a pensar es en el futuro. El andinismo patagónico enfrenta desafíos nuevos: el cambio climático está transformando las condiciones de nieve y hielo en los cerros que el CAB conoce de memoria; la masificación del turismo de aventura exige protocolos y capacidades que hace veinte años no eran necesarios; y la tensión entre preservación y acceso se vuelve más aguda cada temporada.
Celebrar 95 años es también una ocasión para preguntarse qué institución quiere ser el CAB en el próximo siglo. Con el Refugio 1931 como escenario, esa pregunta tiene el mejor contexto posible para plantearse.


