Un mapa muestra cómo los glaciares esculpieron el territorio de Bariloche
Un nuevo relevamiento cartográfico reconstruye la huella que dejaron los grandes mantos de hielo sobre el paisaje barilochense. La Patagonia andina no es como es por casualidad: cada lago, cada valle, cada cerro lleva la firma del hielo.
El paisaje de Bariloche no nació así. Los lagos azules, los valles anchos, las terrazas que bajan desde la cordillera hasta la estepa: todo eso es el resultado de miles de años de trabajo glaciar. Un nuevo mapa geológico permite, por primera vez de manera visual y sistemática, leer ese proceso directamente sobre el territorio.
La cartografía reconstruye las distintas fases de avance y retroceso de los glaciares que cubrieron la región durante el Pleistoceno y el Holoceno. Los investigadores identificaron morrenas, drumlins, valles en U, depósitos fluvioglaciares y cubetas de sobreexcavación —esas depresiones donde hoy se acumula el agua que forma los lagos Nahuel Huapi, Gutiérrez, Moreno y Mascardi, entre otros.
Para entender la magnitud del fenómeno: en el período de máxima extensión glaciar, los hielos cubrieron no solo la cordillera sino también buena parte de lo que hoy es la meseta patagónica. El frente del hielo llegó a zonas que actualmente son áridas, semi-desérticas, cruzadas por caminos rurales y sembradas de estancias.
Lo que el mapa permite ver con claridad es que la ciudad de Bariloche está literalmente construida sobre sedimentos glaciares. Las calles, los barrios, el centro cívico: todo descansa sobre material que alguna vez fue arrastrado por el hielo desde las cumbres andinas hacia el este.
Este tipo de relevamiento tiene implicancias concretas que van más allá del interés científico. Conocer la composición y profundidad de los depósitos glaciares es fundamental para la planificación urbana, la gestión de riesgo geológico y —en un contexto de cambio climático— para entender qué está pasando con los glaciares que quedan activos en las cabeceras de cuenca.
La Patagonia andina binacional comparte esta historia: los mismos sistemas glaciares que dieron forma a Bariloche también modelaron los lagos y fiordos de la región de Los Lagos en Chile. La cordillera no entiende de fronteras, y el hielo tampoco las entendió.
Mientras el debate sobre la protección de glaciares sigue siendo urgente —la Ley de Glaciares argentina tiene aplicación dispar, y en Chile los instrumentos equivalentes son aún más débiles—, este mapa llega como un recordatorio físico de lo que se juega: no se trata solo de proteger bloques de hielo, sino de preservar el sistema que construyó este mundo y que todavía lo sostiene.


