El operativo nocturno de Catedral: 1.000 km para preparar las pistas
Un ejército de máquinas y maquinistas trabaja de madrugada para que los esquiadores encuentren la montaña en perfectas condiciones cada mañana.
Mientras los primeros esquiadores apenas sueñan con la montaña, un operativo silencioso ya se encuentra en pleno funcionamiento en las pistas de Cerro Catedral. Trece maquinistas, al mando de sus potentes máquinas, recorren entre 80 y 100 kilómetros cada noche para dejar las pistas listas para una nueva jornada. Es el trabajo invisible que convierte a una montaña en un paraíso para el esquí.
Este operativo nocturno es una coreografía milimétrica que se repite cada madrugada. Los maquinistas, guiados por la experiencia y la tecnología, pisan la nieve, la alisan y la distribuyen para crear una superficie uniforme y segura. No es solo una cuestión de estética: un buen pisado previene accidentes y garantiza que todos los sectores de la montaña sean accesibles y disfrutables.
La tarea implica un profundo conocimiento de la montaña. No es lo mismo trabajar en una pista de principiantes que en un corredor de alta dificultad. Cada máquina, además, está equipada con sistemas de navegación y sensores que permiten un trabajo de precisión. El objetivo es ofrecer la mejor experiencia de esquí en la Patagonia, una de las regiones más importantes para el snowboard y el esquí de Sudamérica.
El esfuerzo comienza mucho antes de que salga el sol y se extiende hasta que las primeras luces del día iluminan los picos. La coordinación es clave. Los equipos de pisters, como se conoce a los maquinistas, trabajan en conjunto con el equipo de seguridad y los encargados de los medios de elevación para asegurar que no haya sorpresas.
Este operativo es un ejemplo de la pasión y el compromiso que caracteriza a la industria de la nieve en Bariloche. Es la materialización de un deporte y un estilo de vida que mueve a miles de personas. Detrás de cada descenso perfecto, hay una noche de trabajo intenso y silencioso. La montaña no se prepara sola, y en Catedral lo saben mejor que nadie.


