Cordillera Darwin: ciudadanía monitorea biodiversidad en Magallanes
Participantes del curso MAPEA Magallanes de WCS Chile recorrieron el Parque Nacional Alberto de Agostini y registraron biodiversidad y amenazas en áreas protegidas.
En el corazón de la Cordillera Darwin, donde los Andes se hunden en el océano Pacífico, un grupo de ciudadanos pasó de ser visitante a monitor. Lo hicieron en el marco del curso MAPEA Magallanes, organizado por WCS Chile, y recorrieron parte del Parque Nacional Alberto de Agostini, entre fiordos, glaciares y bosques subantárticos.
La experiencia, difundida por El Magallánico, tiene un valor que excede lo pedagógico. Se trata de ciencia ciudadana aplicada a uno de los ecosistemas más inexplorados y a la vez más frágiles del planeta. Los participantes registraron presencia de biodiversidad y también identificaron amenazas concretas en las áreas protegidas: especies invasoras, presión turística, impactos del cambio climático sobre los glaciares y dificultades de fiscalización en territorios de acceso complejo.
El Parque Nacional Alberto de Agostini es una de las áreas protegidas más extensas de Chile y limita con el campo de hielo sur. Su condición binacional —Argentina comparte el sistema glaciar del lado oriental— lo convierte en un termómetro de lo que ocurre en la Patagonia profunda. Lo que se monitorea aquí no es un paisaje remoto: es el reservorio de agua dulce más importante del sur de Sudamérica.
La apuesta de WCS Chile apunta a formar monitores locales capaces de sostener observación en el tiempo. En regiones donde los recursos estatales para fiscalización son escasos y las distancias son enormes, la participación ciudadana deja de ser un complemento y se vuelve una herramienta central de conservación. Los datos que estos voluntarios levantan pueden alimentar decisiones de manejo, alertas tempranas y políticas públicas.
Para Magallanes, además, hay un componente identitario: la Cordillera Darwin no es un paisaje ajeno, es el patio trasero de comunidades que históricamente convivieron con el hielo y el mar. Convertir a vecinos en observadores calificados es también una forma de devolver el territorio a quienes lo habitan.
Qué viene: resta saber si estos registros se sistematizarán en plataformas públicas y si el modelo MAPEA se replicará en otras áreas protegidas de la región. La experiencia piloto ya dejó una certeza: cuando la ciudadanía mira con método, encuentra cosas que los presupuestos estatales no siempre alcanzan a ver.


