Río Gallegos supera la media nacional de desempleo: 8,8%
La capital de Santa Cruz registró la segunda tasa más alta de la Patagonia y más de 6.000 personas quedaron alcanzadas por el desempleo. El dato expone una tendencia que se repite en las ciudades del sur argentino: economías dependientes del empleo público y del ciclo petrolero que no logran absorber a la población joven.
Río Gallegos volvió a encender una alarma económica que la Patagonia austral conoce de memoria. La capital de Santa Cruz alcanzó un 8,8% de desocupación, superando el promedio nacional y consolidándose como la segunda tasa más alta de toda la región patagónica. Más de 6.000 personas quedaron alcanzadas por el desempleo en una ciudad que durante décadas fue sinónimo de salarios altos y empleo estatal.
El dato no es un episodio aislado. Río Gallegos arrastra una estructura productiva que no se diversificó al ritmo de su crecimiento poblacional. La matriz laboral sigue atada al Estado provincial, a la actividad petrolera de cuenca y a un comercio que depende del consumo interno. Cuando cualquiera de esos tres pilares se tensiona, el mercado de trabajo local lo siente de inmediato.
La comparación con el resto del país también incomoda. El promedio nacional de desocupación se mantiene por debajo del registrado en Santa Cruz, lo que rompe con el imaginario histórico del sur como territorio de pleno empleo y salarios por encima de la media. La Patagonia dejó de ser, para varias de sus ciudades, una excepción estadística.
El impacto territorial es concreto. Menos empleo formal significa menos aportes, menos consumo y más presión sobre los sistemas provinciales de asistencia. En una provincia con costos de vida elevados producto de la logística austral, cada punto de desocupación se traduce en una carga más pesada para los hogares.
La pregunta de fondo es estructural. ¿Cómo genera Río Gallegos empleo genuino fuera del Estado y de la actividad extractiva? La respuesta no aparece en el corto plazo. La transición energética, el turismo y la producción regional figuran en los discursos, pero aún no se traducen en puestos de trabajo masivos.
La capital santacruceña no está sola en este cuadro: varias ciudades patagónicas comparten la misma tensión entre expectativas de crecimiento y una base económica que no termina de ampliarse. El 8,8% es una foto del presente, pero también una señal sobre lo que viene si la agenda de desarrollo regional no se convierte en política concreta.
Desde GLOBALpatagonia seguimos el pulso de estas cifras porque afectan directamente la vida cotidiana de la región. La Patagonia no puede seguir pensándose como periferia: sus problemas laborales son los del Sur Global, y merecen respuestas a esa altura.


