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La SMA aprueba seis programas de cumplimiento a centros de engorda de salmones

La Superintendencia del Medio Ambiente aprobó los planes presentados por empresas titulares de Centros de Engorda de Salmones en Los Lagos, Aysén y Magallanes. La medida llega a días del alerta por virus ISA en Aysén y reabre el debate sobre la fiscalización real de una industria que condiciona los fiordos del sur.

🇨🇱 Chile
La SMA aprueba seis programas de cumplimiento a centros de engorda de salmones

La Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) aprobó seis Programas de Cumplimiento (PDC) presentados por empresas titulares de Centros de Engorda de Salmones (CES) ubicados en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes. La resolución, conocida este 23 de septiembre en Punta Arenas, se suma a una seguidilla de decisiones administrativas que vienen marcando la agenda ambiental del sur chileno.

Un PDC no es una sanción ni una absolución: es un plan que la empresa compromete para corregir incumplimientos detectados en fiscalizaciones previas. La SMA lo aprueba, exige plazos y luego verifica. La pregunta que recorre los fiordos es siempre la misma: qué pasa si el plan no se cumple. En la industria salmonera, esa pregunta tiene consecuencias directas sobre el fondo marino, las comunidades costeras y la fauna que habita los canales patagónicos.

El contexto no es neutro. Hace pocos días se conoció un alerta por virus ISA en un centro de cultivo de Salmones Camanchaca en Aysén, un episodio que reactivó los fantasmas de la crisis sanitaria que golpeó a la industria en 2007. El ISA no afecta a los humanos, pero puede diezmar cosechas completas y forzar vaciamientos sanitarios masivos, con impacto económico y ambiental en zonas donde la salmonicultura es el principal empleador privado.

Chile es el segundo productor mundial de salmón después de Noruega. Esa posición se sostiene sobre la densidad de centros en un territorio acotado: Los Lagos, Aysén y Magallanes concentran la mayor parte de las concesiones. Cada PDC aprobado por la SMA debe leerse, entonces, como una pieza en un rompecabezas más grande: el de una actividad que genera divisas, empleo y tensiones.

Para la Patagonia binacional, el asunto tiene una dimensión que excede la frontera. Los fiordos de Aysén y Magallanes comparten cuencas, corrientes y ciclos biológicos con el sur argentino. La industria salmonera chilena navega aguas que, aguas abajo, bañan costas de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Lo que se aprueba o se incumple en un CES de Puerto Montt o Puerto Natales tiene efectos que no se detienen en la línea imaginaria de la frontera.

Qué viene ahora: las empresas deberán ejecutar las acciones comprometidas en los plazos aprobados. La SMA tiene la facultad de fiscalizar, y las organizaciones ambientales de la región ya anunciaron que seguirán de cerca cada informe. Para las comunidades costeras de la Patagonia chilena, la pregunta de fondo sigue abierta: cuánto de estos programas corrige problemas reales y cuánto funciona como mecanismo de gestión administrativa.

GLOBALpatagonia cubre la industria salmonera desde adentro, porque los fiordos del sur no son un dato económico abstracto: son el territorio donde vive y trabaja nuestra gente, en ambos lados de la cordillera.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diálogo Sur.
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