Alumnas de Punta Arenas crean biofiltro con lana de oveja para reutilizar aguas grises
Cuatro estudiantes del Liceo María Auxiliadora desarrollaron una investigación que usa lana de oveja y turba —materiales disponibles en el entorno patagónico— para purificar aguas grises.
Cuatro estudiantes de quinto básico B del Liceo María Auxiliadora de Punta Arenas están desarrollando un biofiltro que busca reutilizar aguas grises usando dos materiales que abundan en la Patagonia: lana de oveja y turba. La investigación apunta a encontrar una alternativa concreta para un problema recurrente en la región: el uso eficiente del agua en un territorio donde el recurso es escaso y valioso.
La lana de oveja, que en Magallanes es un subproducto de la industria ganadera ovina con baja valorización en algunos mercados, funciona como material filtrante. La turba, acumulada durante miles de años en los turbales patagónicos, aporta propiedades de retención y absorción. La combinación de ambos en un sistema de biofiltración es el corazón del proyecto escolar.
La propuesta no es menor. Las aguas grises —las que provienen de lavamanos, duchas y cocinas— representan una porción significativa del consumo doméstico de agua y suelen terminar en el sistema de alcantarillado sin tratamiento previo. Reutilizarlas para riego o descarga de inodoros reduciría la presión sobre fuentes de agua potable, un tema sensible en una región donde el acceso al recurso varía fuertemente entre zonas urbanas y rurales.
Que la investigación provenga de estudiantes de educación básica agrega un componente de relevancia: en la Patagonia chilena, la ciencia aplicada al territorio no siempre encuentra espacio en los circuitos académicos tradicionales. Iniciativas como esta conectan el conocimiento escolar con problemas locales reales, usando materiales del entorno en lugar de insumos importados.
El biofiltro aún está en fase de desarrollo y las alumnas deberán validar su eficacia con pruebas de laboratorio. Pero el enfoque —soluciones tecnológicas de bajo costo, con materiales patagónicos, pensadas para el contexto local— es exactamente el tipo de innovación que la región necesita. Si el prototipo funciona, podría replicarse en viviendas rurales y pequeños establecimientos donde el tratamiento de aguas grises hoy es prácticamente inexistente.
Magallanes tiene un problema estructural con el agua: las turberas que la almacenan son ecosistemas frágiles, la infraestructura sanitaria no cubre todo el territorio y el cambio climático presiona sobre las fuentes. Un biofiltro escolar no resuelve eso por sí solo, pero marca un camino: usar lo que la Patagonia ya tiene —lana, turba, ingenio joven— para enfrentar sus propios desafíos.


