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Comité antártico aprueba ocho proyectos y refuerza control ambiental austral

La ministra de Medio Ambiente de Chile presidió en Punta Arenas la sesión del Comité Operativo que certifica el impacto ambiental de obras y actividades en la Antártica. Ocho proyectos recibieron luz verde en una instancia clave para el equilibrio entre presencia científica y protección del continente blanco.

🇨🇱 Chile
Comité antártico aprueba ocho proyectos y refuerza control ambiental austral

Punta Arenas volvió a ser el centro de decisión ambiental del extremo austral del continente. La ministra de Medio Ambiente de Chile, Francisca Toledo, encabezó este jueves la sesión del Comité Operativo para la Evaluación de Impacto Ambiental sobre el Medio Ambiente Antártico, una instancia técnica que certifica que las obras y actividades que se desarrollan en el continente blanco cumplen con las exigencias ambientales antes de ejecutarse.

En la cita se aprobaron ocho proyectos, un paso administrativo que desde la Patagonia chilena se lee con especial atención. No se trata de un trámite menor: cualquier intervención en la Antártica pasa por este filtro, que busca que la actividad humana —científica, logística o de infraestructura— no comprometa los ecosistemas más frágiles del planeta. La Antártica no es un territorio cualquiera: está regida por el Tratado Antártico, que la reserva para fines pacíficos y de investigación, y por el Protocolo de Madrid, que la declara “reserva natural consagrada a la paz y a la ciencia”.

Que el comité sesione en Punta Arenas no es casual. La capital de Magallanes es la puerta de entrada natural a la Antártica y concentra buena parte de la logística de los programas científicos que operan desde Chile, incluido el Instituto Antártico Chileno (INACH). La ciudad funciona como bisagra entre el sur continental y el continente blanco, y cada decisión que se toma allí tiene un efecto directo sobre el ecosistema antártico y sobre la propia economía magallánica.

El encuentro también ocurre en un momento de creciente escrutinio sobre el impacto acumulado de la actividad humana en la Antártica. La ciencia ha advertido sobre la presión que enfrentan especies como el krill, base de la cadena alimenticia antártica, y sobre el avance de especies invasoras asociadas al tránsito de buques y la logística. El turismo antártico, en particular, ha crecido de manera sostenida en las últimas décadas: miles de visitantes desembarcan cada temporada en distintos puntos del continente, y cada uno de esos movimientos requiere control ambiental.

Los ocho proyectos aprobados abarcan obras y actividades que deberán ejecutarse bajo las condiciones que fije la evaluación ambiental. Para Magallanes, que integra el sistema antártico chileno junto a su condición de región de frontera austral, cada aprobación de este tipo también representa una señal sobre el tipo de desarrollo que se busca en el territorio: presencia científica ordenada, con reglas claras y con la Antártica como prioridad de conservación por encima de cualquier interés sectorial.

El próximo paso es la ejecución de los proyectos aprobados, que deberán cumplir con las exigencias ambientales establecidas. Desde la Patagonia binacional, el seguimiento de estas decisiones es clave: lo que ocurre en la Antártica no es un asunto lejano, sino que impacta directamente en los ecosistemas australes y en la identidad de una región que se piensa, cada vez más, como puerta de entrada al último territorio salvaje del planeta.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de La Prensa Austral (Magallanes).
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