Hallazgos arqueológicos en la cuenca del Agrio reescriben la historia neuquina
Una investigación científica en la cuenca del río Agrio reveló restos arqueológicos que revalorizan el pasado humano de la región cordillerana de Neuquén.

Un equipo de investigadores viene trabajando en la cuenca del río Agrio, en el norte neuquino, y los resultados están dando que hablar. Los hallazgos arqueológicos y científicos obtenidos en sucesivas campañas permiten reconstruir con mayor detalle la presencia humana en esa zona cordillerana, una región que durante mucho tiempo fue poco explorada por la academia.
La cuenca del Agrio, enclavada entre volcanes y bosques de araucaria, es un corredor natural que conecta la estepa con la alta montaña. Para las poblaciones que habitaron estos territorios durante miles de años, esos pasos fueron rutas de intercambio, caza y trashumancia estacional. Los materiales recuperados —cuya naturaleza exacta los investigadores están sistematizando— aportan evidencia concreta sobre modos de vida, tecnologías y circuitos de movilidad que hasta ahora solo se conocían de forma fragmentaria.
Lo que hace especialmente valioso este trabajo es su enfoque interdisciplinario. No se trata solo de arqueología clásica: los equipos integran análisis geológicos, paleobotánicos y de datación que permiten contextualizar los hallazgos en un marco ambiental amplio. ¿Cómo era el clima cuando esas comunidades ocuparon el lugar? ¿Qué recursos estaban disponibles? ¿Cómo se adaptaron a los cambios?
Para la Patagonia, cada investigación de este tipo es una pieza más en un rompecabezas enorme. La historia previa a la llegada del Estado argentino y chileno a estos territorios sigue siendo en gran medida desconocida para el público general. Proyectos como el de la cuenca del Agrio contribuyen a revertir esa invisibilización y a reconocer que la Patagonia fue, desde hace milenios, un espacio habitado, transitado y transformado por sus poblaciones originarias.
El norte neuquino, además, es una zona donde conviven hoy comunidades mapuche-pehuenche que mantienen prácticas ancestrales como la recolección del piñón de araucaria y la trashumancia ganadera. Los hallazgos arqueológicos dialogan directamente con esa continuidad cultural y refuerzan los argumentos de quienes defienden la protección tanto del patrimonio arqueológico como de los territorios donde se inscribe.
La investigación continúa y se esperan nuevas campañas en los próximos meses. Cada temporada de trabajo de campo en la cuenca del Agrio tiene el potencial de sumar capítulos a una historia que recién estamos empezando a leer con la profundidad que merece.