Kayak, locro y tehuelche: una escuela que navega entre dos culturas
La Escuela de Kayak "I Yenu Jono" de Santa Cruz combina deporte, lengua Aonikenk y comunidad en una kermés abierta este domingo para recuperar el idioma tehuelche.

El nombre ya lo dice todo: "I Yenu Jono" no es solo el nombre de una escuela de kayak. Es una frase en Aonikenk —la lengua tehuelche— y en esa elección hay una declaración de principios. En Santa Cruz, donde el viento borra memorias y las lenguas originarias sobreviven en márgenes estrechos, esta escuela decidió que remar y hablar pueden ser el mismo acto de resistencia.
José Jaramillo, referente de la iniciativa, explicó que este domingo la escuela organiza una kermés abierta a la comunidad con juegos gratuitos y un locro patrio, pero el corazón del evento es la lengua: se realizarán actividades de revitalización del Aonikenk, el idioma del pueblo Tehuelche, también conocido como pueblo Aonikenk, que habitó y habita las estepas y costas de la Patagonia austral desde tiempos inmemoriales.
El Aonikenk es una lengua en situación crítica. Los hablantes plenos son cada vez menos, y la transmisión intergeneracional se cortó en muchos casos hace décadas. Sin embargo, hay núcleos de recuperación activos —en Santa Cruz, en Chubut, en comunidades que insisten— y la Escuela I Yenu Jono es uno de ellos. La apuesta es vincular la lengua a actividades cotidianas y a la identidad territorial: el río, el lago, el kayak.
La escuela enfrenta también desafíos materiales concretos. Jaramillo mencionó las dificultades para calefaccionar la sede, un problema que en la Patagonia austral no es menor: los inviernos de Santa Cruz son largos y duros, y sostener un espacio comunitario abierto requiere recursos que no siempre están disponibles. La kermés tiene también ese objetivo práctico: recaudar fondos para seguir funcionando.
Lo que hace singular a esta historia es la intersección de elementos que, en otro contexto, podrían parecer inconexos: el kayak como deporte y como herramienta pedagógica, la lengua tehuelche como patrimonio vivo y como proyecto futuro, el locro como gesto de comunidad. En la Patagonia, esas combinaciones no son raras —son la forma en que la cultura sobrevive.
Desde GLOBALpatagonia, iniciativas como I Yenu Jono merecen visibilidad permanente. No como reliquia del pasado, sino como proyecto del presente: una comunidad que decide que su lengua y su cultura tienen lugar en el siglo XXI, y que las practica en el río, en la cocina y en la cancha.


