Puerto Williams: la ciudad más austral del mundo como laboratorio del clima
La IV Conferencia Internacional CHIC reúne esta semana en Puerto Williams a investigadores de todo el mundo para discutir la crisis climática desde el fin del mundo, con el cochayuyo como símbolo comestible del futuro.

Pocas ciudades del planeta pueden reclamar el título que tiene Puerto Williams: la localidad habitada más austral del mundo. Esta semana, ese dato geográfico se convirtió en ventaja científica. Desde el lunes 11 y hasta el viernes 15 de mayo, el Centro Subantártico Cabo de Hornos alberga la IV Conferencia Internacional CHIC —Centinelas del Cambio Climático— con una convocatoria que reunió a investigadores de distintas latitudes para estudiar precisamente lo que ocurre cuando el planeta se calienta desde los bordes.
La conferencia tiene algo que la distingue de los eventos académicos convencionales: ocurre en el territorio que está siendo estudiado. Los científicos no hablan del ecosistema subantártico desde una sala de conferencias en Santiago o Buenos Aires; lo hacen con el Canal Beagle como fondo y con la Cordillera Darwin a la vista. Esa proximidad no es un detalle estético, es una condición metodológica.
Uno de los momentos más llamativos de la apertura fue la intervención de un chef que presentó salchichas elaboradas con cochayuyo, el alga parda que abunda en las costas australes. La propuesta no fue un gesto folclórico: fue una demostración de que los recursos del ecosistema subantártico, históricamente utilizados por los pueblos Yagán y Kawésqar, pueden convertirse en alimentos del futuro con valor proteico y bajo impacto ambiental. La cocina como argumento científico tiene una fuerza comunicacional que ningún paper logra por sí solo.
La delegada presidencial regional Ericka Farías estuvo presente en las actividades y describió a Puerto Williams como un lugar con un capital científico, humano y ambiental que no tiene equivalente en el mundo. La frase no es hipérbole protocolar: la región de Cabo de Hornos es reserva de biósfera de la UNESCO desde 2005 y concentra una biodiversidad única en el planeta, con ecosistemas de turberas, bosques subantárticos y ambientes marinos que funcionan como indicadores tempranos de los cambios globales.
El encuentro también proyecta un rol institucional para Puerto Williams que va más allá de la ciencia puntual. La ciudad, que creció como base naval y como referencia para la navegación austral, está construyendo una identidad como polo de investigación internacional. Eso tiene consecuencias concretas para la comunidad local, para el turismo científico y para la posición de Chile en los debates sobre gobernanza de los ecosistemas australes.
Lo que sucede esta semana en Puerto Williams importa también al lado argentino de la Patagonia: los ecosistemas que se estudian allí son los mismos que se extienden hacia Ushuaia, hacia el canal Beagle compartido y hacia la Isla de los Estados. La ciencia no tiene frontera en el extremo sur, aunque las políticas todavía sí.


