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Antonella y el telar mapuche: Maquinchao teje identidad desde la infancia

Una niña de Maquinchao aprendió las técnicas del telar mapuche en tiempo inusualmente breve, renovando una práctica cultural que resiste como forma de identidad viva en la estepa rionegrina.

🇦🇷 Argentina 2026-05-14
Antonella y el telar mapuche: Maquinchao teje identidad desde la infancia

En Maquinchao, un pueblo de la meseta rionegrina donde el viento esculpe el paisaje y la distancia de los centros urbanos es una forma de identidad, una niña llamada Antonella está aprendiendo a hablar con los hilos. El telar mapuche —arte textil ancestral que codifica cosmología, historia y territorio en cada trama— encontró en ella una aprendiz que sorprendió a quienes la guían por la velocidad con que internalizó técnicas que suelen llevar meses o años.

La historia de Antonella no es una curiosidad costumbrista. Es un dato sobre la transmisión cultural en comunidades donde la lengua mapuzungun retrocede pero las artes manuales siguen siendo un canal vivo de pertenencia. El telar no es solo artesanía: es una escritura sin alfabeto. Los diseños geométricos que aparecen en los ponchos, mantas y fajas tejidas por mujeres mapuche —las ñimin— son registros de lugar, de linaje, de relación con la naturaleza. Aprender a tejer es, en ese sentido, aprender a leer y escribir en mapuche.

Maquinchao pertenece a la Línea Sur rionegrina, esa franja de localidades pequeñas que costea la meseta entre Bariloche y la costa atlántica. Es un territorio de presencia mapuche histórica y contemporánea, donde comunidades como las de Anecón Grande, Comallo o Maquinchao misma mantienen vínculos activos con sus tradiciones aunque el Estado suele llegar tarde y poco. En ese contexto, que una niña aprenda telar no es espontáneo: hay adultas que enseñan, hay una decisión comunitaria de no dejar morir ese saber.

La transmisión intergeneracional de artes originarias enfrenta obstáculos concretos: la dispersión geográfica de las comunidades, la presión escolar que privilegia contenidos urbanos, la pérdida de referentes mayores. Por eso cada historia como la de Antonella tiene un peso que va más allá del mérito individual. Habla de un sistema de transmisión que funciona, de adultas que encontraron tiempo y voluntad para enseñar, y de una comunidad que decidió que eso importa.

Desde GLOBALpatagonia, seguimos estas historias porque la cultura mapuche no es pasado: es presente activo en ambos lados de la cordillera, desde la región de La Araucanía hasta la estepa rionegrina y neuquina. El telar de Antonella en Maquinchao y el de una niña en Temuco o Lonquimay son parte del mismo tejido.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de Diario Río Negro.
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